La celebración eucarística en pequeños grupos, por Pedro Farnés Scherer

 

Mejorar la Celebración

 

La celebración de la Eucaristía en pequeños grupos plantea hoy en algunos casos una innegable problemática, no desprovista de dificultades tanto desde un punto de vista histórico como desde los ámbitos jurídico, pastoral, pedagógico e incluso teológico. La cuestión no es ciertamente nueva. Baste recordar, por ejemplo, a los Padres de los Concilios Visigodos legislar sobre las misas celebradas en un oratorio privado en vistas al cumplimiento dominical o a las matizaciones de los documentos emanados de la Santa Sede con posterioridad al Vaticano II a los que luego nos referiremos. La conveniencia, significatividad e incluso legitimidad de estas misas ha cobrado recientemente nueva incidencia y ha originado discusiones y controversias y no pocas consultas llegadas a nuestra revista piden una respuesta aclaratoria. Abordar esta cuestión apuntando pautas que aclaren algunos puntos es lo que pretendemos en esta aportación.

 

 

1. Las pequeñas asambleas eucarísticas en la historia

 

Desde el ángulo de la historia no puede negarse que, junto a las grandes asambleas festivas, han existido en todas las épocas grupos más reducidos de fieles que celebraron en pequeñas asambleas los misterios cristianos. Estas pequeñas asambleas aparecen ya en los orígenes de la Iglesia: el mismo hecho del número reducido de fieles las hizo necesarias en los comienzos. Más adelante, cuando la Iglesia pasó a ser una gran comunidad, las celebraciones eucarísticas con pocos fieles continuaron existiendo: las pequeñas capillas, que se edifican mucho antes de que aparezcan los altares laterales, son testimonio de estas, como lo son también algunos de los libelli missarum contemporáneos y sobretodo posteriores a los sacramentarios.

 

 

2. Qué sabemos sobre cómo celebraban la Eucaristía las pequeñas asambleas en la antigüedad.

 

Sobre los modos concretos de celebrar la Eucaristía en las pequeñas comunidades sabemos en realidad muy poco. De las grandes asambleas, en cambio, conocemos bastantes detalles. De ellas se sabe, por ejemplo, que la liturgia se organizaba siempre a base de un gran número de ministros. De aquí  precisamente es fácil deducir que nadie llegaba a ser presidente de la Eucaristía –dicho de otra forma, que nadie llegaba al episcopado o al presbiterado- sin haber pasado largos años ejerciendo diversos ministerios (acólito o escolán, lector, cantor, subdiácono, diácono etc) Este “cursus” progresivo que lleva finalmente a la presidencia de la Eucaristía tiene una importante consecuencia para nuestra cuestión: si los antiguos códices apenas aportan rúbricas sobre las maneras de celebrar es posiblemente porque estos modos ya se habían aprendido, con el mismo ejercicio de los diversos ministerios. Por ello se comprende que los antiguos sacramentarios sean tan parcos en dar explicaciones sobre los ritos que deben ejecutarse y acostumbren a dar simplemente las oraciones sin ninguna explicación.

 

 

3. Las liturgias de pequeña asamblea en Roma y en las Galias

 

Para saber cómo eran las antiguas celebraciones de las asambleas pequeñas hay un detalle importante: las descripciones ceremoniales antiguas que han llegado a nosotros – Los Ordine Romani- y que influenciaron en los ceremoniales medievales de las pequeñas iglesias, parten siempre de los ritos romanos de las grandes celebraciones (episcopales o por lo menos de las grandes iglesias). Estos relatos estaban destinados a aquellos clérigos galicanos obligados a pasar de su liturgia local que conocían por la práctica a la nueva liturgia importada de Roma de la que, en cambio, no tenían ningún conocimiento. En este momento deben, pues, aprenderlo todo de nuevo y para ello envían observadores a las iglesias romanas a fin de que describan los ritos de las basílicas para poder así imitarlos. Ahora bien, lo que los enviados van a mirar y luego describen son las solemnes liturgias de las basílicas, nunca las celebraciones presbiterales más sencillas de las pequeñas iglesias. Para adoptar, pues, la liturgia romana los presbíteros galicanos solo pudieron servirse de los relatos que describían las liturgias solemnes, nunca, por el contrario, llegarán a conocer la liturgia romana de los títulos presbiterales. Fue, pues, a base de liturgia romana solemne como fueron aprendiendo la nueva práctica litúrgica; se vieron obligados por tanto, no solo a adoptar los ritos de roma, sino también a adaptarlos a sus pequeñas asambleas.

 

Un ejemplo puede ayudar a comprender lo que decimos: el cortejo Papal del inicio de la Misa consistía en una procesión solemne acompañada por un largo canto, propio para cada celebración; para ello las basílicas papales tenían medios abundantes (ministros, cantores, etc.) Los Ordines Romani lo describen con detalle. Pero cuando estas descripciones llegan a las pequeñas iglesias de Francia éstas no tienen medios para realizar una liturgia tan solemne; ¿Qué hacer, pues, en una pequeña iglesia? Como, por otra parte, nos hallamos ya en una época poco creativa, con una liturgia celebrada en una lengua que el pueblo ya no comprende (con frecuencia ni los ministros) no hubo otro remedio que simplificar y adaptar el rito solemne (la época litúrgicamente ya anquilosada no hace posible imaginar la creación de nuevos ritos): el mismo celebrante –o un lector- cantará –muy pronto rezará- el canto; así el canto de entrada se convierte en un texto leído por el mismo celebrante al comienzo de la Misa.

 

 

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