Queridos amigos y amigas:

Somos una comunidad de hermanas cistercienses y nos dirigimos a vosotros para haceros una petición muy urgente, y presentaros nuestro nuestra vida y monasterio.

 

Estamos muy necesitadas de chicas jóvenes, enamoradas de Cristo, que quieran formar parte de esta comunidad cisterciense, con vistas a renovarla y a revitalizarla como centro de espiritualidad y vida cristiana cisterciense en pleno corazón de la ciudad de Madrid. Seguro que entre vuestros amigos habrá muchos a quienes les podáis reenviar este mensaje para que nos puedan ayudar, e incluso alguna joven que estaría interesada en ingresar en el monasterio; quién sabe...

 

Es muy urgente, de verdad. Reenviad este mensaje a todo el que conozcáis. Dios se sirve de vosotros para hacer llegar su llamada a muchas personas de todo el mundo.

Confiamos en vuestra ayuda.

E-mail: osb2004@yahoo.es

Madre Teresa Zas, O.Cist.

Monasterio Cisterciense de Nuestra Señora de la Piedad Bernarda

C/. Joaquín Costa, 49

28002 – MADRID

Teléfono: 91.561.32.41

E-mail: osb2004@yahoo.es

 

Nuestro monasterio

El Monasterio de Nuestra Señora de la Piedad Bernarda inicia su andadura en el año 1.535, en el madrileño pueblo de Vallecas. Siendo trasladado a la ciudad de Madrid en el 1.553. Tras la guerra civil de 1936-39, el monasterio quedó ubicado en su actual emplazamiento, en los edificios de un antiguo albergue de transeúntes, en pleno centro-norte de la ciudad de Madrid; una bellísima y agradable zona al lado del Paseo de La Castellana y enfrente del Hospital de San Francisco de Asís. Cuenta con una hermosa iglesia, muy frecuentada por los fieles, en la que se venera la imagen de Nuestra Señora del Peligro. Aquí habitamos un grupo de 9 monjas cistercienses, la más joven con 49 años, necesitadas de nuevas vocaciones capaces de dar vida y dinamismo a nuestra comunidad monástica.

La Vida Cisterciense

La Orden Cisterciense hunde sus raíces más profundas en el gran Patriarca de los monjes de occidente, San Benito de Nursia (480-547). Benito compuso una Regla para monjes, verdaderamente admirable por su discreción y extraordinario equilibrio humano y cristiano. La Regla organiza la jornada monástica en torno a tres ejes fundamentales, la llamada gran tríada benedictina: oración, trabajo y lectio-lectura. Manda que estos tres grandes ‘valores’ se practiquen en una comunidad fraterna y estable de vida y amor. San Benito quiere que los monjes ejerzan en grado sumo la virtud de la ‘hospitalidad’, acogiendo a todas la personas que llaman a la puerta del monasterio ‘como si fueran el mismo Cristo en persona’.

En el año del Señor de 1.098, un grupo de 21 monjes, al frente de los cuales van los grandes santos Roberto, Alberico y Esteban, salen del monasterio benedictino de Molesmes (Francia) para fundar un ‘Nuevo Monasterio’ en los bosques de Cister (Borgoña-Francia). Allí restauran el equilibrio de la jornada monástica según la Regla de San Benito, que se encontraba bastante alterada en los monasterios de esta época; adaptando, además, la vida monástica benedictina a las necesidades de ese momento histórico. Este primer monasterio pudo realizar bien pronto tres nuevas fundaciones, y sus casas hijas se extendieron durante los siglos XII y XIII, con sorprende rapidez, a lo largo y ancho de toda Europa, constituyendo una nueva familia monástica dentro del viejo tronco benedictino.

Los monjes y las monjas cistercienses estamos hoy, después de nueve siglos de existencia, presentes en varios países de los cinco continentes. Vivimos la Regla de San Benito y el espíritu de nuestros Padres cistercienses según las exigencias de la Iglesia y del hombre actual. Queremos ser una fuerza viva en el seno de la Iglesia, y colaborar, con nuestra oración, presencia y acción, a la expansión del Reino de Dios en el mundo.

La Orden Cisterciense venera como especialísima Patrona a la Santísima Virgen en su misterio de la Asunción. A Ella, desde los mismos orígenes de la Orden, están dedicados todos nuestros monasterios.

NUESTRA JORNADA MONÁSTICA DIARIA GIRA EN TORNO A:

La oración

Toda la jornada monástica gira en torno a la celebración del Oficio Divino, que realizamos en nombre de la Iglesia, y en él hacemos presentes los gozos y las tristezas de todos los hombres. Además de la oración litúrgica, cada hermana reserva un tiempo apropiado, según su necesidad, para la oración individual; una oración que brota de la Liturgia y nos prepara, a su vez, para la celebración litúrgica. La oración litúrgica, especialmente la Eucaristía, las Laudes y las Vísperas, está abierta a la participación de los huéspedes y de todas aquellas personas que lo deseen.

El trabajo

El trabajo juega un papel muy importante en la jornada monástica cisterciense. San Benito dice al respecto: ‘Entonces serán verdaderos monjes, cuando vivan del trabajo de sus manos’. Nosotras mismas realizamos todas las tareas de la casa y, además, tenemos algunos otros trabajos remunerados, para el sustento de la comunidad y el mantenimiento de los edificios. Sin embargo, nuestra principal y más importante actividad, conforme a la más genuina tradición benedictina-cisterciense, es una ‘hospedería o casa de acogida’, abierta a todas aquellas personas que buscan, en el corazón de esta gran ciudad, un lugar donde poder reponerse humana y espiritualmente. Cada hermana de la comunidad tiene la posibilidad de desarrollar sus propias cualidades intelectuales y artísticas en el seno y a favor de la comunidad y de todos los hombres.

La lectio divina

Otro elemento muy importante de nuestra jornada, conforme a la Regla de San Benito, es la ‘lectio divina o lectura de Dios’, que se alimenta, principalmente, en las fuentes de la Sagrada Escritura y de los Padres del monacato y de la Orden. El horario incluye varias horas al día destinadas a la lectura y al estudio. Todas tienen la posibilidad de prepararse intelectual y técnicamente, conforme a las necesidades y exigencias de nuestro tiempo. Las hermanas que están en período de formación cuentan con un mayor espacio de tiempo para la lectura y el estudio.

El apostolado

Nuestro principal medio de apostolado consiste en la digna celebración de la Liturgia de las Horas, abierta a la participación de todos los fieles que lo deseen. Otro medio de apostolado muy importante para nosotras, conforme a nuestro carisma, es el de la ‘acogida’ fraterna, en la portería y en la hospedería, de tantas personas que en esta gran ciudad se acercan a nosotras buscando una palabra de aliento y orientación para sus vidas. Si hubiera más hermanas jóvenes, se podría ampliar más el campo de apostolado: mayor participación de los laicos en la Liturgia; grupos de oración; cursillos de oración y espiritualidad; ejercicios espirituales, etc.

La vida fraterna en comunidad

La monja cisterciense, siguiendo su vocación, considera la reunión de las hermanas en el monasterio como la familia de Dios y también la suya propia. Sabe bien que Cristo está presente en el monasterio de un modo especial, ya que está presente allí donde dos o tres se reúnen en su nombre.

Nosotras deseamos ordenar nuestra vida conforme al ejemplo de la Iglesia primitiva, que exige un solo corazón y un solo espíritu, no únicamente en la oración y en la común posesión de los bienes materiales, sino también en la comunidad de fines, de obligaciones, de responsabilidades y de acción. Al igual que el Apóstol, que quiso alegrarse con los que estaban alegres y llorar con los que lloraban, así también es necesario que nos importen los éxitos o los fracasos, las alegrías o las tristezas, las dificultades o las ventajas de cada una de las hermanas. Pero lo que más debe atraer la común solicitud de las hermanas es la vida espiritual del monasterio, de modo que todas se sientan responsables de la salvación eterna y de la realización de la vocación de las demás. De este modo la misma vida de comunidad sirve de dirección espiritual, en sentido amplio, en cuanto que fortifica a las débiles, anima a las tímidas, excita el celo de las negligentes y cada día nos recuerda a todas los valores de nuestro servicio.

Nosotras, las monjas cistercienses de este monasterio, queremos construir, aquí y ahora, una comunidad verdaderamente fraterna que, en pleno corazón de Madrid, sea un signo de comunión y concordia para todos los hombres de buena voluntad.

Llamada

Si sientes que Dios te llama a la vida monástica y quieres entregarte a él en una comunidad fraterna, dedicada a la oración, al trabajo, al estudio y a la acogida, no dudes en ponerte en contacto con nosotras. Si conoces alguna chica que siente esta inquietud, háblale de nosotras. Merece la pena y es hermoso vivir la vida cisterciense en pleno corazón de Madrid. Difunde este mensaje todo lo que puedas ¡Dios te lo pagará!