1º misterio: La oración del huerto.
39 Salió y, como de costumbre,
fue al monte de los Olivos, y los discípulos le
siguieron.
40 Llegado al lugar les dijo: «Pedid que no
caigáis en tentación.»
41 Y se apartó de ellos como un tiro de piedra,
y puesto de rodillas oraba
42 diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí
esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la
tuya.»
43 Entonces, se le apareció un ángel venido del
cielo que le confortaba.
44 Y sumido en agonía, insistía más en su
oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de
sangre que caían en tierra.
45 Levantándose de la oración, vino donde los
discípulos y los encontró dormidos por la
tristeza;
46 y les dijo: «¿Cómo es que estáis dormidos?
Levantaos y orad para que no caigáis en
tentación.»
(Un Padre nuestro, diez Avemarías, Gloria y María madre de gracia, Madre de Misericordia.)
2º misterio: La Flagelación de nuestro Señor Jesucristo.
33 Entonces Pilato entró de
nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo:
«¿Eres tú el Rey de los judíos?»
34 Respondió Jesús: «¿Dices eso por tu cuenta, o
es que otros te lo han dicho de mí?»
35 Pilato respondió: «¿Es que yo soy judío? Tu
pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a
mí. ¿Qué has hecho?»
36 Respondió Jesús: «Mi Reino no es de este
mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente
habría combatido para que no fuese entregado a
los judíos: pero mi Reino no es de aquí.»
37 Entonces Pilato le dijo: «¿Luego tú eres
Rey?» Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy Rey.
Yo para esto he nacido y para esto he venido al
mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el
que es de la verdad, escucha mi voz.»
38 Le dice Pilato: «¿Qué es la verdad?» Y, dicho
esto, volvió a salir donde los judíos y les
dijo: «Yo no encuentro ningún delito en él.
39 Pero es costumbre entre vosotros que os ponga
en libertad a uno por la Pascua. ¿Queréis, pues,
que os ponga en libertad al Rey de los judíos?»
40 Ellos volvieron a gritar diciendo: «¡A ése,
no; a Barrabás!» Barrabás era un salteador.
1 Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle.
(Un Padre nuestro, diez Avemarías, Gloria y María madre de gracia, Madre de Misericordia.)
3º misterio: La Coronación de espinas.
16 Los soldados le llevaron
dentro del palacio, es decir, al pretorio y
llaman a toda la cohorte.
17 Le visten de púrpura y, trenzando una corona
de espinas, se la ciñen.
18 Y se pusieron a saludarle: «¡Salve, Rey de
los judíos!»
19 Y le golpeaban en la cabeza con una caña, le
escupían y, doblando las rodillas, se postraban
ante él.
20 Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron
la púrpura, le pusieron sus ropas y le sacan
fuera para crucificarle.
(Un Padre nuestro, diez Avemarías, Gloria y María madre de gracia, Madre de Misericordia.)
4º misterio: Jesús con la Cruz a cuestas.
26 Cuando le llevaban, echaron
mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del
campo, y le cargaron la cruz para que la llevará
detrás de Jesús.
27 Le seguía una gran multitud del pueblo y
mujeres que se dolían y se lamentaban por él.
28 Jesús, volviéndose a ellas, dijo: «Hijas de
Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien
por vosotras y por vuestros hijos.
29 Porque llegarán días en que se dirá:
¡Dichosas las estériles, las entrañas que no
engendraron y los pechos que no criaron!
30 Entonces se pondrán a decir a los montes:
¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas:
¡Cubridnos!
31 Porque si en el leño verde hacen esto, en el
seco ¿qué se hará?»
32 Llevaban además otros dos malhechores para
ejecutarlos con él.
(Un Padre nuestro, diez Avemarías, Gloria y María madre de gracia, Madre de Misericordia.)
5º misterio: La Crucifixión y muerte de nuestro Divino Salvador.
22 Le
conducen al lugar del Gólgota, que quiere decir:
Calvario.
23 Le daban vino con mirra, pero él no lo tomó.
24 Le crucifican y se reparten sus vestidos,
echando a suertes a ver qué se llevaba cada uno.
25 Era la hora tercia cuando le crucificaron.
26 Y estaba puesta la inscripción de la causa de
su condena: «El Rey de los judíos.»
27 Con él crucificaron a dos salteadores, uno a
su derecha y otro a su izquierda.
29 Y los que pasaban por allí le insultaban,
meneando la cabeza y diciendo: «¡Eh, tú!, que
destruyes el Santuario y lo levantas en tres
días,
30 ¡sálvate a ti mismo bajando de la cruz!»
31 Igualmente los sumos sacerdotes se burlaban
entre ellos junto con los escribas diciendo: «A
otros salvó y a sí mismo no puede salvarse.
32 ¡El Cristo, el Rey de Israel!, que baje ahora
de la cruz, para que lo veamos y creamos.»
También le injuriaban los que con él estaban
crucificados.
33 Llegada la hora sexta, hubo oscuridad sobre
toda la tierra hasta la hora nona.
34 A la hora nona gritó Jesús con fuerte voz: «Eloí,
Eloí, ¿lema sabactaní?», -que quiere decir -
«¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has
abandonado?»
35 Al oír esto algunos de los presentes decían:
«Mira, llama a Elías.»
36 Entonces uno fue corriendo a empapar una
esponja en vinagre y, sujetándola a una caña, le
ofrecía de beber, diciendo: «Dejad, vamos a ver
si viene Elías a descolgarle.»
37 Pero Jesús lanzando un fuerte grito, expiró.
38 Y el velo del Santuario se rasgó en dos, de
arriba abajo.
39 Al ver el centurión, que estaba frente a él,
que había expirado de esa manera, dijo:
«Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.»
(Un Padre nuestro, diez Avemarías, Gloria y María madre de gracia, Madre de Misericordia.)