ENTREVISTA A KIKO EN ABC 06/07/2002

«Es necesario formar a los cristianos para responder a los nuevos retos de nuestro tiempo»

 

JESÚS BASTANTE

«Es Dios el que salva a su Iglesia, no nosotros», han subrayado a ABC Kiko Argüello y Carmen Hernández, iniciadores del Camino Neocatecumenal. En la primera entrevista concedida a un medio español, los fundadores del Camino asumen que el mundo actual, «netamente anticristiano», hace necesario «formar a los cristianos para responder a los nuevos retos de nuestro tiempo».
 

MADRID. Han pasado casi cuarenta años desde que, en las barracas de Palomeras Altas, comenzara la andadura catequética y espiritual del Camino Neocatecumenal. Allí unieron sus caminos Kiko Argüello (joven pintor quien, tras una crisis de fe, descubrió «en el sufrimiento de los inocentes el tremendo misterio de Cristo crucificado») y Carmen Hernández, (licenciada en químicas que estaba tratando de formar una misión evangelizadora en Bolivia).

Desde entonces, trabajan juntos en las comunidades neocatecumenales, una realidad que hoy sigue cerca de un millón de cristianos en todo el mundo y que trata de recuperar el espíritu de las primeras comunidades cristianas. En esta entrevista -la primera concedida por ambos a un medio español-, Carmen y Kiko se interrumpen a menudo, se quitan la palabra, discuten, pero por encima de todo sacan a relucir su pasión por la obra que están realizando, aunque «las personas no hacemos nada. Ha sido Dios el que ha llevado hasta este punto el Camino, y el que lo llevará hacia donde tenga que llegar».

«Un paso muy importante»

- La Santa Sede acaba de aprobar los estatutos del Camino Neocatecumenal. ¿Qué significa este paso?

- Kiko Argüello: Es un paso muy importante, porque la Iglesia reconoce un trabajo que llevamos más de treinta y ocho años realizando en todo el mundo. Había dificultades en reconocernos como lo que somos: un catecumenado postbautismal, un carisma que se pone en manos de los obispos para que lo realicen en sus parroquias, y donde la gente vive sufriendo por el impacto de la secularización y de la falta de fe.

- Carmen Hernández: La Iglesia es única y universal. Tras el Concilio Vaticano II, se ha visto que determinadas congregaciones o asociaciones pasan, pero que la Iglesia no pasará. Lo más grande es que podemos insertarnos en la Iglesia sin ser un movimiento paralelo a ella. El Catecumenado es un camino, igual que se realizaba antiguamente en la Iglesia. Es una iniciación a la liturgia, a la luz de la Eucaristía, donde está Cristo crucificado. El Camino no existiría sin el Vaticano II.

- ¿En qué se diferencia el Camino de otras nuevas realidades, como el Opus Dei o los nuevos movimientos eclesiales?

- K. A: El Camino es una iniciación para los cristianos que viven hoy, en un clima de anticlericalismo grande. Si quieren volver a la Iglesia, seguramente no les interese introducirse en una organización de la que dudan, sino que buscan ser cristianos sin etiquetas. Queremos hacer comunidades en la parroquia, volver al esquema de las primeras comunidades cristianas. Dentro de los cristianos, hay carismas distintos, maravillosos, que no se discuten porque vamos juntos a la raíz, que es Cristo.

- ¿Cómo es la relación con los movimientos eclesiales?

- K.A: La relación con los focolares, Schoensttat y los demás movimientos es maravillosa. No nos consideramos el único camino. Somos una modalidad más. Creernos los únicos o los mejores sería absurdo. Existe una inmensa cantidad de ritos en la Iglesia, y todos son cristianos. Todos amamos a Cristo.

- El Camino surge en 1964 en las barracas de Vallecas. Hoy, los neocatecumenales son cerca de un millón. ¿Cuál es la razón de esta evolución tan rápida?

- K.A: Las personas no hacemos nada. Ha sido Dios el que ha llevado hasta este punto el Camino, y el que lo llevará hacia donde tenga que llegar. El Camino es la respuesta a una necesidad que surgió en un cambio de época, en el ámbito individual y europeo. Tras el Concilio Vaticano II, surgió la posibilidad de vivir el cristianismo dentro de una comunidad.

- C. H: En la comunidad cristiana existe una gran riqueza. Por eso pensamos desde el principio en pequeñas comunidades, de 50 ó 60 hermanos: desde allí, se ayuda a las familias, a las personas mayores... ponemos los bienes en común.

- Algunos les acusan de ser un grupo cerrado, de promover una excesiva unidad entre sus miembros y no permitir la entrada de agentes externos. ¿Qué hay de cierto en todo esto?

- K. A: Nosotros no somos una comunidad cerrada, pero si entras en una escuela en primero, no puedes pretender pasar enseguida a cuarto. Esto es tan simple que a veces no se entiende. El Camino está dividido en períodos, no es lo mismo el precatecumenado que el catecumenado. En estas etapas, se vuelve a descubrir qué significa ser cristiano.

- C. H: Todo el cuerpo está organizado, y hay que buscar la armonía. Si lees las Escrituras, se ve que todos los órganos tienen una función para que el cuerpo, que es la Iglesia, funcione.

Incomprensión y persecución

- ¿Hubo problemas, falta de comprensión, en la conformación de esta nueva realidad?

- K. A: Hemos sufrido muchas persecuciones. Hay que tener en cuenta que desde hacía 16 siglos faltaba el catecumenado en la Cristiandad. Como la sociedad era cristiana, se pensaba que las gentes aprenderían a ser cristianos por sí mismos. Hoy, el ambiente del mundo es netamente anticristiano. Necesitamos formar a los cristianos para responder a los retos de nuestro tiempo, marcado por la secularización. Pero hay quien no lo comprende, incluidos algunos párrocos, que se encuentran una comunidad neocatecumenal en su parroquia y no saben qué es. Sí hubo persecuciones, pero las persecuciones son siempre necesarias.

- C. H: Las persecuciones son necesarias para que se vea el espíritu de Cristo. Cristo es el único que ama a los enemigos. La persecución ha existido siempre, pero Dios ha servido su apoyo desde el principio a los que creen en Él.

- K. A: Nos han expulsado de muchas parroquias...

- C. H: Sí, incluso en Roma. Pero allí, el milagro más grande fue Pablo VI.

- K. A: Pablo VI es importante. En aquellos momentos, se nos acusaba de querer repetir el Bautismo, de angelismo y de ausencia de compromiso social. Entonces, nos recibió Pablo VI, y nos dijo que haciendo lo que hacíamos, ya estábamos ofreciendo apostolado.

- Volvamos a los estatutos. En el artículo 4 se dice que el Camino no debe tener bienes propios...

- K.A: Es cierto, no tenemos ninguna propiedad. Todo está en manos del obispo y las diócesis. El Camino, al no ser una asociación, no tiene medios propios. Si hiciera falta para alguna acción social, se hablaría con el obispo de la diócesis y éste, en caso de aprobarlo, promovería una fundación. El Camino no tiene un duro: yo mismo soy un itinerante, vivo de las limosnas que me quieren dar.

- En los últimos artículos, se habla del relevo en los responsables del Camino. ¿Cómo se ha abordado esta cuestión? ¿Qué sucederá cuando desaparezcan los fundadores?

- C. H: ¿Qué pasó cuando Cristo fue muerto? No se acabó todo, sino que comenzó. Eso mismo pasará con nosotros, que estamos fundados en la Iglesia. Estos estatutos son los andamios de la construcción de una parte de la Iglesia. Luego será lo que Dios quiera.

- K. A: Los estatutos hablan de un equipo internacional, con un mandato de siete años. Cuando muramos, el Señor nos sustituirá, porque es necesario que esto no se destruya. En nuestro caso, no podemos hablar de hombres o mujeres carismáticos. Nosotros no predicamos un carisma: son los obispos los que han recibido el encargo de la evangelización, nosotros apoyamos su misión. El Camino es una cosa nueva, y queda mucho por hacer, sobre todo en las parroquias. La Iglesia también tiene que continuar siendo misionera, y en eso hay que trabajar, estemos nosotros o no. En las parroquias y con los más pobres, de los que Juan XXIII dijo que vendría la salvación de la Iglesia.

- En alguna ocasión, han comentado la importancia del catecumenado frente a la secularización de la sociedad, la falta de fe y de referentes éticos. ¿Es tan grave el panorama?

- K. A: La secularización es gravísima, profundísima, y está destruyendo las raíces de la fe. Si te pones a analizar, compruebas cómo la gente recibe una «catequesis» espantosa a través de la televisión. Totalmente anticristiana. La gente acaba pensando lo que dice la televisión, y así se van imponiendo ciertas tesis, como el aborto y la eutanasia. Nosotros pretendemos que los cristianos sepan analizar este fenómeno. Europa esta impregnada por la apostasía, pero afortunadamente el Espíritu Santo, esta suscitando nuevas realidades de vida. Por eso el Camino promueve nuevas vocaciones, tanto al sacerdocio como a la misión, en muchos casos de familias enteras. Es Dios el que salva a su Iglesia, no nosotros.

«Juan Pablo II es un gran profeta, un gigante de nuestra época»

- La presencia de la juventud en el Camino es patente, sobre todo en las Jornadas Mundiales de la Juventud convocadas por el Papa, quien públicamente ha demostrado su admiración por el Camino. ¿Cuál es su opinión sobre Juan Pablo II?

-K. A: Juan Pablo II es un gran profeta, un gigante de nuestra época. Es la única figura profética que tiene capacidad para decir la verdad, con una valentía y coraje que hace que los jóvenes le sigan. Nosotros hemos llevado 70.000 jóvenes a París, y otros 40.000 que acudirán a Toronto en las próximas semanas, muchos de los cuales han trabajado durante meses para conseguir el dinero, porque el Camino no tiene medios propios. En nuestro caso, le diré que este Papa nos defendió de varias acusaciones. Este Papa ha vivido experiencias eucarísticas y pascuales únicas, y ha puesto los mimbres para que la Iglesia reconozca la necesidad de un catecumenado postbautismal. Juan Pablo II ha dicho en repetidas ocasiones que carisma e institución son compatibles en la Iglesia.

- ¿Qué opinan de la polémica en torno a su posible dimisión?

- C. H: Para mí, el Papa es un ejemplo, un testimonio vivo frente a la realidad de una sociedad que está matando a los viejos. Ni Juan Pablo II ni ningún otro obispo deberían dimitir. Los obispos deben vivir y morir siempre en el seno de la Iglesia.