El iniciador del Camino Neocatecumenal, el
español Kiko Argüello, en declaraciones a Veritas, explicó hoy que ha
acogido la noticia de la muerte de Juan Pablo II ”con dolor y con felicidad al
mismo tiempo, con dolor porque Juan Pablo II ha sido nuestro valedor, nuestra
ayuda más profunda, grandísima, nos ha ayudado en todo”.
Sin embargo, mostró también su “alegría por otro lado, porque tenemos la
convicción de que es un santo y de que está en el cielo”.
Kiko Argüello destacó de Juan Pablo II “su amor al hombre”, y explicó que
en una de sus encíclicas, “en la Redemptor Hominis, mostró que el camino real de
la Iglesia es el amor al hombre”.
“Juan Pablo II ha amado al hombre hasta el extremo, como Cristo. Para amar
así es necesario tener el Espíritu de Cristo, que entregó su vida por todos los
hombres. Eso es lo más grande que hay, por eso la gente se ha dado cuenta. Toda
persona que se ha acercado a Juan Pablo II se ha sentido amada por él”, añadió.
Argüello afirmó que para las nuevas realidades eclesiales surgidas al
calor del Concilio Vaticano II, y para el Camino Neocatecumenal en particular,
este Papa “ha sido muy importante, porque Juan Pablo II, desde su ministerio
petrino, ha visto estas nuevas realidades como una respuesta del Espíritu Santo
para las necesidades de la Iglesia actual”.
Precisamente, según ha podido saber Veritas, la noticia del empeoramiento
del estado de salud del Papa coincidió con un encuentro de cardenales para la
inauguración de la Biblioteca de la “Domus Galilaeae” centro de espiritualidad
en Tierra Santa que gestiona el Camino Neocatecumenal.
Para esta ocasión, el Papa había escrito una carta, fechada el Jueves
Santo, 24 de marzo pasado (por tanto, una de las últimas), manifestando su
“unión espiritual” y se refería a la nueva biblioteca, “que en su centro alberga
el Libro de la Toráh” deseando que “pueda favorecer con oportunas iniciativas
una profunda formación religiosa y un provechoso diálogo entre el Hebraísmo y la
Iglesia Católica”.
En dicho encuentro participaban, entre otros, los cardenales Rouco
(Madrid), Schönborn (Viena), Glemp (Varsovia), López Rodríguez (Santo Domingo),
Pell (Sydney) y varios obispos, entre los que se encontraban los españoles
Martínez (Granada), Reig Pla (Segorbe-Castellón) y Romero Pose (auxiliar de
Madrid).
Juan Pablo II y el Camino Neocatecumenal
Los iniciadores del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello, Carmen Hernández
y el misionero comboniano italiano Mario Pezzi, se encontraron en varias
ocasiones con Juan Pablo II, como ellos mismos relatan en el prólogo al libro
“El Camino Neocatecumenal en los magisterios de Pablo VI y Juan Pablo II”.
“La primera vez que vimos a Juan Pablo II fue el 3 de septiembre de 1979,
nos invitó a la misa de Castel Gandolfo a Carmen, al padre Mario y a mí.
Terminada la misa vino a saludarnos y yo le pedí que me permitiese hablar con él
a solas. Me preguntó: “¿Ahora mismo u otro día?”. Le respondí: “Ahora”. Me
invitó a seguirlo por un pasillo, me hizo entrar en una biblioteca, donde, lo
recuerdo, penetraba un fuerte sol. Se sentó detrás del escritorio, me invitó a
sentarme frente a él y a hablar”, cuenta Argüello.
“Con gran sufrimiento le conté cómo había recibido de la Virgen María la
inspiración de hacer pequeñas comunidades como la Sagrada Familia de Nazaret,
que viviesen en humildad, sencillez y alabanza y donde el otro es Cristo. Mi
grandísima dificultad provenía de pensar que él pudiese imaginar que tenía ante
sí a un visionario, un exaltado o algo parecido. Después de haberme escuchado y
tras algunos minutos de silencio me dijo que durante la misa, pensando en
nosotros había visto ante sí: “ateísmo-bautismo-catecumenado”. Tuve la sensación
de que se refería a los países del Este y me impresionó que hubiese invertido el
orden poniendo la palabra catecumenado después del bautismo. ¡Hubiera querido
ponerme de rodillas dando gracias al Señor!”, añadió.
Los encuentros de Juan Pablo II con miembros del Camino Neocatecumenal
fueron numerosos durante los 26 años de su pontificado. Destaca su visita al
Centro Internacional de Porto San Giorgio en diciembre de 1988, en la que el
Papa celebró una Eucaristía al modo neocatecumenal, pocos días después de que la
Sagrada congregación del Culto Divino, autorizara el desplazamiento del rito de
la paz y la comunión bajo las dos especies. En 1990 escribió un Breve Pontificio
de reconocimiento, y en junio de 2002 aprobó “ad experimentum” los Estatutos del
Camino Neocatecumenal.