EL CAMINO NEOCATECUMENAL                  04 – 01 -04

-Francia Católica-

 

El actual equipo responsable internacional del Camino Neocatecumenal está formado de por vida, según el Estatuto, por Kiko Argüello, responsable de dicho equipo, por Carmen Hernández y por el padre Mario Pezzi. Los tres han sido los “iniciadores” de esta “nueva realidad” que se ha formado sobre las huellas del Concilio Vaticano II. Esta realidad ha recibido, en el 2002, su Estatuto oficial en la Iglesia.  Un encuentro con Kiko Argüello es significativo, en estos tiempos de Epifania, de “manifestación” mesiánica en el mundo, tanto más que la llamada de los Obispos franceses a una renovación de la catequesis, “Ir al corazón de la fe” que empieza a resonar en esta preparación hacia la Pascua 2004.

 

Entrevista a Kiko Argüello de Luc Baresta.

 

 

 Luc: ¿Cuáles son los momentos principales de su conversión?

 

Kiko: Empecé de joven mi carrera de pintor en España, donde nací. Profesionalmente prometía mucho. Mi pintura se definía como “moderna” en aquella época, tenía una clientela y también gané un premio nacional de pintura. Hasta el momento en que lo abandoné todo para ir con los pobres.

 

Luc: ¿Cómo explica este cambio que hizo?

 

Kiko: Era el primer efecto de una crisis personal que comenzó mientras estudiaba Bellas Artes en Madrid, en la Academia San Fernando. Me di cuenta de que la fe que mi familia, católica, había intentado transmitirme iba desapareciendo. Las preguntas que se originaban por una problemática existencial me

perseguían. ¿Quién soy?  ¿Por qué vivo?

 

Participando en un grupo teatral de Bellas Artes entré en contacto con el pensamiento de Sartre en algunas de sus obras: “A puerta cerrada”, “La Mosca”.  De ellas emergía la idea de que nuestra aspiración a la justicia se tornaba vana en el momento en el que el mundo en el cual vivíamos es irremediablemente absurdo. Intenté vivir en esta situación de ateismo, debajo de un cielo que aparecía cerrado.  Por la compensación me quedé inmerso en el arte. Pero, a pesar del éxito que tuve en la prensa, en la televisión, prové el tormento de una perenne insatisfacción. El mundo tenía para mi el sabor de la ceniza. Dentro de mi me preguntaba todas las mañanas: ¿Por qué vives? ¿para pintar? ¿y pintar para que? ¿para ganar dinero? Y el dinero para obtener el qué ¿si nada me satisfacía?… Pensé entonces en suicidarme.

 

En esta crisis de sentido y de esperanza recibí una cierta ayuda de otra corriente de pensamiento, la de Henri Bergson, que había roto con el racionalismo y daba una gran importancia a la intuición. Sorprendido descubrí  que, en el fondo, mi intuición artística no aceptaba el absurdo de mi existencia. En particular la belleza que recibía y que podía percibir en las cosas. Entonces, si el absurdo no es la verdad, si existe una razón de ser…

 

Luc: ¿Quién le dio la llave de este acontecimiento interior?

 

 Kiko: Me decía: ¿Alguien nos ha creado? Me dirigí a este Alguien: “Si tu existes, háblame, dime quien eres, porqué existo, porqué motivo me has creado” Y así tuve un encuentro con Dios, en lo profundo de mi ser. Sentí que algo sucedía dentro de mi, me acuerdo, me puse a llorar, a llorar sin parar. ¿Por qué estas lágrimas? Me di cuenta de que mi situación era similar a la de una persona condenada a muerte a la cual se le ha dicho en el momento de la ejecución: “Eres libre”…

 

Este algo que hablaba dentro de mi en este encuentro me daba testimonio de que no sólo Dios existe, sino que me ama. Esto no por un esfuerzo de mi razón, sino por una certeza de la que San Pablo me dió la clave en su carta a los Romanos: “El Espíritu en persona da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios”.Este Espíritu que me hablaba de manera así íntima y repentina descubrí que se me manifestaba como el espíritu de Jesucristo, el Jesucristo de la Iglesia Católica y de la Virgen Maria.

Entonces fui a consultar con un presbítero y le dije que quería ser cristiano. Me preguntó: ¿Usted no está bautizado? Le respondí: “Si, lo estoy” . “Entonces -prosiguió-que quiere? ¿confesarse?” Descubrí la

 

necesidad que yo tenía de profundizar en la novedad de este acontecimiento. Así que me orientó hacia los Cursillos de Cristianadad, que a través del testimonio de los laicos transmitían una fe viviente. Delante de este testimonio se derrumbaron muchos prejuicios que yo todavía tenía. Me convertí en catequeista y di cursillos en diversas ciudades de España, mientras formaba parte de un grupo de renovación del arte sacro, Gremio 62, que me condujo a la  busqueda de información sobre la renovación litúrgica europea.

 

Luc: ¿A que se refiere con esta búsqueda y como continuó? ¿le guió algun testimonio apostólico?

 

Kiko: Recibí una beca para estudiar los puntos comunes entre el arte protestante y el arte católico. En el transcurso de este viaje europeo, con una padre dominico y un arquitecto, pasé, entre otros, a Francia, donde estudié a Le Corbusier. Fue así como descubrí la renovación litúrgica que se estaba llevando a cabo y los problemas que había. Antes de este viaje hicimos un tiempo de retiro en el “desierto de los Monegros” cerca de Zaragoza. Fue allí donde conocí la historia de Charles de Foucauld que, convirtiéndose, quiso vivir el tiempo desde el nacimiento de Jesucristo vivido en la familia de Nazareth, en el silencio. El dominico que nos llevaba conocía a los “hermanos pequeños” que vivían en este desierto de los Monegros, bajo la guía del Padre Villaume, fundador de la Congregación que el Padre  Foucauld, ermitaño en Tamanrasset, había delineado. Me atrajo mucho esta forma de vivir y de dar testimonio.

Otro episodio que se me presentó, de forma decisiva, fue la vigilia de Navidad que pasé con los mios. Me acuerdo que una sirvienta de la casa estaba llorando en la cocina, de tal modo me impactó la necesidad en la que se encontraba, viviendo con nueve hijos, con un marido borracho que tenía la costumbre de pegarla y quería matar a un hijo rebelde…Fue entonces cuando el Señor me inspiró ir a visitar a esta familia, descubriendo así la miseria del mundo en una especie de barracas. Un asistente social me había hablado de una zona llamada Palomeras Altas, lugar lleno de barracas y frecuentado por gitanos y “quinquis”, ambulantes que no son gitanos y cuyo trabajo consiste en arreglar chatarra. Estos quinquilleros tenían problemas con la policia y reputación de ladrones.

 

Vi con claridad que el Señor me estaba llamando a dejarlo todo para ir a vivir allí. Fue el ejemplo de Charles de Foucauld el que me hizo escoger una barraca e ir con una Biblia y con una guitarra. Encontrar a Dios entre los pobres, entre los marginados. Estaba dispuesto a ponerme a sus pies como quien se pone a los pies de la Presencia real eucarística.

 

Entonces, los habitantes de las barracas venían para hablar conmigo, para interrogarme. Abría la Escritura al azar y la compartía con ellos, rezaba y ellos venían a rezar y a cantar conmigo. Poco a poco se fue creando un clima concreto. Fue entonces cuando conocí a Carmen Hernández, una misionera solicitada por el Obispo de Oruro, en Bolivia, para una misión con los mineros bolivianos. Ella buscaba un grupo de laicos y oyó hablar de mi por una hermana suya. Vino a las barracas y se quedó sorprendida. Ella quería convencerme para irme a Bolivia, hasta que al fin desistió, quedándose en una barraca a 1 km. de la mia. 

 

Luc: ¿Cómo llegó a dar testimonio con el anuncio de la Palabra?

 

Kiko:Los gitanos me pedían que organizara encuentros. Uno de ellos, el cabeza de un clan, había estado en un reformatorio y sabía leer y escribir. Se trataba de José Agudo. Un dia vino para preguntarme a cerca de lo que decía el Evangelio sobre los litigios, ya que había uno con otra banda de gitanos. Entonces le leí el Sermón de la Montaña: “Amad a vuestros enemigos”, “si te dan en una mejilla, pon también la otra”. Esto lo dejó estupefacto. Le dejé las Florecillas de San Francisco y nos convertimos en buenos amigos. Hoy está en el Camino, tiene trece hijos, su familia está levantada como “familia en misión” Fue el responsable de la primera comunidad que se formó “con los pobres en las barracas”. José Agudo me pedía obstinadamente que fuera a hablar a su familia, a su clan sobre aquello que le había dicho de Jesucristo. Al principio me resistía, porque además, Jesucristo, antes que nada eran ellos, por la cruz de su sufrimiento como pobres. Yo no pretendía enseñarles a leer, ni enseñarles ninguna otra cosa. Yo me consideraba último. Tenía esta actitud que me parecía que se acercaba a la de Charles de Foucauld, cuyo testimonio era en lo “escondido”. Sin embargo ante la obstinación de José Agudo fui a ver a los gitanos.

 

Me acuerdo que se entraba por una especie de gruta oscura. Me invitaron a que hablara de Jesucristo resucitado. De repente la voz de una mujer me interrumpe: “¿Lo has visto? Yo no…La única cosa que se es que mi padre está muerto y que no ha vuelto del cementerio. Cuando haya visto a alguien volver del cementerio, ¡entonces le escucharé! “

 

La reunión se acabó nada más empezar. Pero esta mujer me hizo un gran servicio. Encontré en el pasaje de los Hechos de los Apóstoles en el que el gobernador Festo hablaba de San Pablo, prisionero del rey Agripa: “Querría que lo escucharas porque habla de un tal Jesús que murió y que Pablo dice que vive”. Era exáctamente el testimonio que la mujer quería.

 

Me di cuenta de que el nucleo central de la predicación apostólica estaba tanto en la fe de la Cruz redentora como en la resurrección, es decir en el misterio pascual. Estos pobres han representado como el lugar privilegiado en el cual el Señor ha obrado, como en un laboratorio, una síntesis kerygmática y cateqética predicada hoy en el mundo entero.

 

Ella contiene , en efecto, esta realidad paradógica, pero fundamental, por la cual Cristo ha muerto por todosa. Nace pues una antropología según la cual el hombre, reducido a su sola fuerza humana, queda prisionero de su egoismo y de su fragilidad.  No se puede dar al otro porque su pecado original ha herido profundamente su naturaleza. Sabemos que hemos sido hechos para amar, lo muestra una ley natural, sin embargo no somo realmente capaces de amar. El egoismo se nos impone como una forma de muerte profunda, de la cual la muerte física no es sino un signo. Cristo nos salva regenerándonos interiormente en el don de su Espíritu que, en el Bautismo, nos constituye “hijos de Dios” porque se entierra el hombre viejo en las aguas de la muerte y hace renacer en Cristo a una vida nueva, eterna. Por la gracia del Bautismo nuestra naturaleza humana participa de la naturaleza divina. Esta nos dá la capacidad de amar al otro con un amor más fuerte que la muerte, más fuerte que aquellas formas de muerte como son el odio y la enemistad. Amarás a tu enemigo…Y esto por una vida eterna que se da ahora y no solo para el mañana. Esto es el cristianismo. Una cosa impresionante. La victoria sobre la muerte. El lugar decisivo que el Concilio Vaticano II ha dado al misterio Pascual. El misterio del Perdón y de la Vida Eterna.

 

Este es el motivo por el cual he abandonado la pintura, del modo en que la jercía entonces, con vistas a una carrera. Según lo que dice San Pablo “a causa de El he aceptado perderlo todo, lo he considerado todo como basura con el fin de ganar a Jesucristo”  tomando pues una consciencia radical del “Ay de mi si no anunciase el Evangelio”

 

Que entonces, ¿solo sirve la ayuda social? ¿el hombre no es más que un tubo digestivo? ¿Existe la necesidad de saber si Dios existe, si o no?  Si el amor existe ¿si o no? Tras estos abandonos, para mi gran sorpresa, el Espíritu santo ha hecho aparecer una “Koinonía”, una comunión de amor, donde se vislumbraba la comunidad cristiana. Esta está construida sobre tres elementos fundamentales, un “trípode”: La Palabra de Dios (anuncio kerygmático y catequesis de inicio) La Liturgia o respuesta a lo que Dios ha dicho y hecho en la historia; en fin la comunidad de los catecúmenos.

 

Mi invocación a la Virgen tuvo un día una respuesta: “hacer comunidades cristianas como la Santa Familia de Nazaret, que vivan en humildad, sencillez y alabanza, y donde el otro es Cristo”.

 

Luc: ¿Cómo se produjo tu encuentro con la Iglesia institucional?

Luc: Come si è svolto il vostro incontro con la Chiesa istituzionale?

 

Kilo: Vino el tiempo en el que se decretó por parte de los poderes públicos que, por razones urbanísticas las barracas debían ser derribadas. La barraca de Carmen fue destruida. Yo informé al Arzobispo de Madrid, Mons. Morcillo, que había conocido en los Cursillos. Y fue admirable porque vino a defendernos. Cuando vio nuestras barracas y nuestra asamblea, se puso a llorar. Me dijo: “Kilo, yo no soy cristiano. A partir de hoy tienes abbierto mi palacio episcopal”. Y siempre ha mantenido su promesa.

 

 

 

Además, no solo nos dio un lugar de culto para la primera comunidad, sino que me dijo: “Esta experiencia que has hecho quiero que la lleves a las parroquias de mi diócesis. A condición de que el párroco esté al centro, porque necesitamos evitar toda forma de Iglesia paralela. No tengas miedo, te ayudaré”

 

Entonces comenzó nuestro recorrido  con problemas, persecuciones e icomprensiones. Pero el Obispo siempre nos ha defendido. Continuaba diciéndome: “En la diócesis yo soy el sello de la fe. No tengas miedo”

 

Luc: ¿Cómo se difundió esta iniciativa?

 

Kilo: Se difundió por la invitación que nos enviaban los Obispos, estimulada por el constante alentamiento e iniciativa de Pablo VI y Juan Pablo II. Por ejemplo, a Roma Mons. Morcillo me había dado una carta para el Cardenal Florit, con el cual había estado en la secretaría del Concilio, y otra para el Cardenal dell’Acqua, que entonces era el Vicario episcopal de Roma. Después de diversas peripecias, sin alforja ni dinero, nuestro equipo inició los anuncios de catequesis en cuatro parroquias romanas. Era julio, con un clima húmedo, mientras en Madrid hacía un calor seco…

 

Éramos los primeros en maravillarnos. Constatamos, entonces, que se abría en algunas parroquias un camino de libre gestación a la fe, de descubrimiento o redescubrimiento del bautismo, puerta de todos los sacramentos. Aquel que ha encontrado a Jesucristo ve su vida transformarse, no “muere” más. Por ejemplo la familia, la juventud, la madurez, la vejez, el dinero…cambian de significado. También la enfermedad: Con El estamos en una actitud semejante a la Pasión, como sobre un altar; todo adquiere un significado diferente, todo está iluminado.

 

Hoy la vida moderna hace perder el sentido de la Fe; esta vida moderna “desacraliza” y al mismo tiempo “resacraliza” con las ilusiones, con los ídolos. Bajo el progreso científico y tecnológico, que requieren también un discernimiento, subsiste una gran insatisfacción de fondo, la tragedia de la muerte inminente o declarada. O bien reina la indiferencia, o mejor una ignorancia vendada de inquietudes, sobre un fondo nihilista.

 

En que modo, este hombre secularizado, podrá descubrir un signo que le llame a la fe? Jesucristo dice: “Amaos como yo os he amado”. Si os amáis así, este amor hace que seáis “uno”, este hombre lo verá y creerá. Las parroquias son llamadas a dar esta señal del “como” (cómo yo os he amado) es decir, el signo del amor en la dimensión de la Cruz. Porque Dios nos ha amado cuando éramos sus enemigos, cuando éramos pecadores.

 

En Roma, hoy, el Camino está presente en un centenar de parroquias con cerca de 500 comunidades. Esta extensión no es fruto de ninguna habilidad humana, ni de ninguna planificación. Al contrario, a pesar de nuestras debilidades y nuestros pecados, el Camino está presente hoy en un centenar de paises. Y esto por una constante llamada a la conversión, que comienza por los catequistas que se preparan para transmitir la Palabra como ellos mismos la han recibido. Algunos de estos catequistas son itinerantes, dispuestos a ir a cualquier parte del mundosegún la necesidad de las diócesis más lejanas. Este aspecto misionero se funda con la ayuda de familias en misión que se ofrecen, siempre ante la llamada de un Obispo, para establecerse en zonas descristianizadas o peor, donde es necesaria una “implantatio ecclesiae”. Finalmente, en gran número han surgido, en este Camino, las vocaciones al ministerio presbiteral y a la vida religiosa, al punto de suscitar la creación de Seminarios en muchos paises.

 

Luc: ¿Qué importancia tiene, según usted, el reconocimiento oficial de Roma del Estatuto del Camino Neocatecumenal?

 

Kilo: Le invito a leer atentamente este Estatuto, porque define con precisión lo que es el Camino Neocatecumenal y su razón de ser en la Iglesia Católica, según la libertad religiosa y la autenticidad cristiana. No tengo la menor duda de que este Estatuto representa una novedad desde el punto de vista jurídico. No nos incorpora al género asociativo (el Bautismo no es una “asociación”), ni al género fundativo (no se trata de una fundación religiosa, ni de un movimiento). Se ofrece sin embargo como un instrumento al servicio de los Obispos  y presenta la posibilidad de realizar una “modalidad” de iniciación cristiana de la que ellos son los responsables, es decir, de la realización diocesana de esta iniciación y de la educación permanente de la Fe.

 

 

Luc: ¿Cómo pasa de esta “modalidad” de iniciación cristiana al Neocatecumenado?

 

Kilo: De hecho todos decimos que esta “modalidad” de la iniciación cristiana no es definida como la única. Ciertamente existen otras, que son realidades recientes o antiguas. Después dicen que nosotros somos diferentes, pero de una diferencia que acoge la de los otros y se sitúa con ellos en relación fraterna.

 

Esta “modalidad” contiene la peculiaridad del Camino Neocatecumenal, para encontrar o reencontrar el sentido del Bautismo y, luego, el camino de conversión que libremente comporta a través del anuncio (kreygma), la catequesis, los pasos, los escrutinios, las celebraciones, los cantos que se cantan, ellos mismos, la Palabra de Dios…Es decir, un Catecumenado. Hoy hay muchos “bautizados” que tienen una necesidad. De aquí el nombre –el bello nombre- como dice Juan Pablo II, de “neocatecumenado” que es, en este sentido, post-bautismal, mientras que en la tradición de la Iglesia el Catecumenado estaba para aquellos que se preparaban para recibir el Bautismo. Esta forma pre-bautismal existe ya, con sus instancias eclesiales. Del resto es también reconocido el Camino, cuando los no bautizados quieren ser acogidos en vistas al Bautismo.

 

En la condición actual de la Iglesia, muchas son las Conferencias Episcopales que hablan de iniciación cristiana post-bautismal. ¿Cómo no considerar, entonces, la importancia de un Catecumenado renovado?

 

La propuesta, lanzada por el episcopado francés, titulada “Caminar al corazón de la fe, el futuro para la catequesis” mantiene nuestra atención por su pertenencia, su apertura y encuentro, luego, tras las disponibilidades, a las del Camino, cuyo reconocimiento avala, precisa y concretiza las lineas trazadas por los iniciadores en una regla clara y segura.

 

Y ya que me pregunta cual es, a mi forma de ver, la importancia de este Estatuto le responderé que el sentido lo encontramos en las palabras que Juan Pablo II nos dio el 5 de septiembre de 1979 en Castelgandolfo, en ocasión de nuestro primer encuentro con él.

 

Estábamos Carmen, el Padre Mario y yo. El Papa nos dice que, con ocasión de la Misa, había visto delante de él estas tres palabras: ATEISMO-BAUTISMO-CATECUMENADO. Al principio no entendí lo que quería decir, ya que la tradición ponía al Catecumenado antes del Bautismo. Con la aprobación de este Estatuto estas palabras de Juan Pablo II me parece que adquieren su verdadero significado.

 

Haciendo uso de su experiencia personal y de su autoridad, el Santo Padre ha querido decir que para responder a la fuerza del ateismo moderno y a la secularización sistemática de toda la vida, los cristianos bautizados, pero olvidados de su bautismo, han necesitado de un catecumenado análogo al de la Iglesia primitiva: gestación de una nueva criatura en la que la síntesis del Kerygma, el cambio de vida moral y la liturgia, constituyen una sola cosa.

 

Esto es, a mis ojos, el fundamento de la aprobación del Camino Neocatecumenal.