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Intervención de Kiko ante el Papa

 

 

 

 

 

 

 

 

Kiko Argüello intervino esta tarde, sábado 3 de junio, víspera de Pentecostés, ante el Papa y unos 300.000 católicos congregados en la Plaza de San Pedro y alrededores. Unos 100.000 eran del Camino Neocatecumenal.

 

Argüello leyó un comentario sobre el Salmo 146, y especialmente habló del versículo “El Señor reconstruye Jerusalén”. El Señor se sirve siempre del “carisma” y de la “institución” para llevar a cabo la reconstrucción del Pueblo, del Templo, de la Iglesia (de Moisés y Aarón, de Zorobabel y Josué, de Pablo y Pedro, respectivamente). Así lo reafirmó Juan Pablo II en la festividad de Pentecostés en 1998: carisma e institución unidos son circunstanciales a la misión de la Iglesia. Y ante los obispos europeos, hablando de la necesidad de reconstruir la Iglesia en el contexto secularizado de Europa, Juan Pablo II habló de la urgencia de la Nueva Evangelización a través de las nuevas realidades eclesiales suscitadas por el Espíritu Santo, que unidas a Pedro (la institución), podrán cumplir su misión en esta “nueva era” de ateísmo nihilista, de postmodernidad, de apostasía en Europa.

 

Los católicos de hoy, ante los desafíos del nuevo contexto cultural, han de madurar la fe de modo existencial y profundo, para lo cual es conveniente la recuperación de un proceso de iniciación cristiana en las parroquias, vivido en pequeñas comunidades gracias a las cuales se fortalezcan las familias y se transmita en su seno la fe cristiana. El Camino Neocatecumenal busca pues contribuir a la recuperación de la fe experimentada en comunidades para realizar la tarea evangelizadora que la Iglesia requiere en esta generación y con nuevos métodos que acerquen a Cristo Resucitado al hombre secularizado de nuestro tiempo. Todo ello ha sido obra del Espíritu Santo, que con todas las realidades eclesiales y nuevos carismas que hoy estarán presentes ante Pedro, impulsa la “reconstrucción” de este Templo: la Iglesia en los inicios del tercer milenio.

 

Este fue el comentario realizado por Kiko Argüello :

 

Kiko Argüello en la Plaza de San Pedro. 3-junio-2006 Queridísimo padre:

Gracias por la oportunidad que se me ofrece para decir una palabra.
Hemos escuchado el Salmo 146 en el que se nos invita a alabar a Dios porque «el Señor reconstruye Jerusalén».


Jerusalén y sobre todo su Templo fue reconstruido por Zorobabel y Josué, un laico y un sacerdote. Antes lo hicieron Moisés y Aarón, después Pedro y Pablo, que son los dos testigos de los que habla el Apocalipsis; podemos decir: carisma e institución. Carisma e institución, unidos, son coesenciales a la misión de la Iglesia, dijo el Papa Juan Pablo II en Pentecostés de 1998.


Refiriéndose a la fiesta de Pentecostés que hoy celebramos, el Papa Juan Pablo II, en el Simposio de los obispos europeos del año 1986 dijo: «Para realizar una eficaz obra de evangelización, tenemos que volver a inspirarnos en el primer modelo apostólico. Este modelo, que sirve de fundamento y es paradigmático, lo contemplamos en el Cenáculo: los apóstoles están unidos y perseveran con María, en espera de recibir el don del Espíritu. Sólo con la efusión del Espíritu comienza la obra de evangelización. El don del Espíritu es el primer motor, el primer manantial, el primer soplo de la auténtica evangelización. Es necesario, por tanto, comenzar la evangelización invocando al Espíritu y buscando dónde sopla el Espíritu (Cf. Juan 3, 8). Algunos síntomas de este soplo del Espíritu están ciertamente presentes hoy en Europa. Para encontrarles, para apoyarles y desarrollarles es necesario en ocasiones dejar esquemas atrofiados para ir allí donde comienza la vida, donde vemos que se producen frutos de vida "según el Espíritu"».


Les dijo esto a los obispos europeos después de haber hablado de la destrucción de la familia y de la secularización de Europa, afirmando que el Espíritu Santo ya ha dado la respuesta. Está dando la respuesta: aquí estamos, Santo Padre, los nuevos carismas, las nuevas realidades que el Espíritu Santo suscita para ayudar a los sacerdotes, a las parroquias, a los obispos, al Papa. “El Señor reconstruye Jerusalén”. Pero qué difícil es, Santo Padre, que las instituciones comprendan que necesitan de los carismas. Todos tenemos necesidad de que se actúe la eclesiología del Vaticano II, una eclesiología de comunión, de la Iglesia como cuerpo. En definitiva es la actuación del Concilio Vaticano II la que nos urge hoy más que nunca.  

 

El Papa Juan XXIII en la Constitución Apostólica “Humanae salutis” (1961) con la que comenzaba el Concilio decía: "La Iglesia asiste hoy a una crisis que tiene lugar en la sociedad. Mientras la humanidad da un giro hacia una nueva era, tareas de una gravedad y amplitud inmensa esperan a la Iglesia, como en las épocas más trágicas de la historia. Se trata de confrontar al mundo moderno con las energías vivificantes y perennes del Evangelio". 

El Papa Juan XXIII profetizó lo que hoy estamos sumergidos, el “giro a una nueva era”, la postmodernidad, el ateismo nihilista, la apostasía de Europa.

 

El Apocalipsis dice que el Cordero vence a la bestia. Para que los cristianos se conviertan en este cordero tienen necesidad de carismas, de nuevas realidades eclesiales, de movimientos, de nuevas comunidades. Todos tenemos necesidad de una fe adulta y por esto es necesario abrir en las parroquias la iniciación cristiana. Comunidad como la Santa familia de Nazareth. Nuestro Señor Jesucristo para convertirse en adulto tuvo necesidad de una familia, de la familia de Nazareth. La pequeña comunidad cristiana salva la familia y la familia salva la Iglesia.  Esta es la misión del Camino Neocatecumenal en la Iglesia, en las parroquias.

 

Termino Santidad diciendo que el Camino Neocatecumenal, junto a tantos otros que están hoy presentes en esta plaza, somos el signo de la actuación de este salmo: "El Señor reconstruye Jerusalén". El Señor reconstruye su Iglesia. 

 

Espero que este hecho, en estas vísperas admirables de Pentecostés de 2006, sea para usted y para todos nosotros un signo fuerte de esperanza y de gran consolación.