Benedicto XVI comenzó su pontificado
el día de la Pascua judía, la Pésaj. Todo un símbolo para quienes, como el
rabino Rosen, consideran que Joseph Ratzinger podría ser el Papa del
acercamiento entre las religiones
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«Su condena al antisemitismo y su actitud de
diálogo han sido siempre clarísimas»
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P. Giovanetti/M. Velasco
Roma/Madrid. En Jerusalén se siguen con
atención los primeros pasos de Benedicto XVI al frente de la Iglesia.
Así lo confirma el rabino David Rosen, uno de los protagonistas del
diálogo entre la Santa Sede y los «hermanos mayores» judíos, fortalecido
en estos años por Juan Pablo II: «La reacción del pueblo judío ha sido
positiva; las actitudes de Benedicto XVI a favor del diálogo y su
condena del antisemitismo han sido siempre clarísimas. Esperamos que
este Papa siga la senda que comenzó Juan Pablo II», sostiene.
El rabino Rosen mantiene grandes esperanzas en Benedicto XVI: «No
creo que haya grandes cuestiones teológicas por afrontar. Creo que ni
siquiera sobre el Holocausto tenemos que esperar los judíos mucho más
después del documento de 1998 «Nosotros recordamos». Habrá también
diversidad de opiniones sobre Pío XII, pero razonando en términos
realistas, mi mayor esperanza está en que Benedicto XVI envíe a los
católicos una instrucción en la que se diga que las enseñanzas de la
“Nostra Aetate” y posteriores deben ser parte integrante de la educación
de cada católico, en especial de la formación de los sacerdotes»,
afirma.
El rabino Rosen tuvo la oportunidad de hablar en diversas ocasiones
con Joseph Ratzinger, cuando este era prefecto de la Congregación para
la Doctrina de la Fe: «La primera vez que le vi fue hace quince años y
la última en Asís en 2002, con ocasión de la Jornada de oración por la
paz. En 1994 organizamos un congreso en Jerusalén con la presencia de
600 líderes cristianos y judíos de todo el mundo. El cardenal Raztinger
fue el principal ponente. Recuerdo perfectamente sus primeras palabras:
“La historia de las relaciones entre católicos y judíos ha estado llena
de lágrimas y de sangre. Es más urgente que nunca la necesidad de
reconciliación y reestablecimiento de las relaciones entre ambos”,
dijo».
Rosen asegura que la situación actual le debe mucho a la labor
ejercida en su momento por el cardenal Ratzinger: «Uno de los documentos
más importantes fue publicado por la Pontificia Comisión Bíblica: “El
pueblo hebreo y sus Sagradas Escrituras en la Biblia cristiana”, un
documento que subraya la importancia del pueblo judío y de sus
escrituras para el cristianismo. Raztinger dio el “imprimatur” a aquel
texto e hizo una significativa introducción». Rosen también alude a la
polémica declaración «Dominus Iesus» sobre la relación de la Iglesia con
otras confesiones, que el cardenal Raztinger firmó en el año 2000: «Es
cierto, hubo reacciones negativas. Pero fue precisamente Ratzinger el
que publicó inmediatamente un artículo en el “Osservatore Romano” sobre
la común heredad de Abraham nuestro padre. Decía que como el judaísmo
está en la raíz misma de la fe cristiana, no entra en la misma
categoría. Esta es una afirmación muy interesante. Cuando lo vi por vez
primera, hace quince años, hablamos mucho sobre teología. Y de pronto me
dijo: «Todo lo que tiene un significado religioso para ti, lo tiene para
mí, porque tú eres mi raíz». Avvenire