La experiencia de una familia en misión en Caracas
La
Iglesia en Caracas ha empezado un período de misión. Están moviendo los primeros
pasos hacia el Concilio Plenario de Venezuela. En este fervor de evangelización
es bonito constatar la presencia de la Iglesia de Valencia.
Caracas es una ciudad "de frontera", conexión entre la mítica Ávila y él humilde
Cerros (colinas).
En uno de estos cerros trabaja el Padre Jesús Martínez Gutiérrez , presbítero de
la Diócesis de Valencia, la familia del pintor valenciano Francisco Bolinches
con los sus once hijos, originario de la parroquia de San Jerónimo, y el Padre
Antonio Zubía, un padre marianista del Colegio "El Pilar" y miembro de una
Comunidad Neocatecumenal de la Parroquia de San Isidoro.
Algunos años atrás Su Santidad el Papa Juan Pablo II juzgó providencial y
apoyó, la idea de lo que se ha llamado " Misión Familias". Así en el 1989
algunas familias españolas, acompañadas por Padre a Antonio Zubía, fueron
enviadas por el Papa a los Cerros por la solicitud del arzobispo de Caracas.
El impacto con la nueva realidad fue duro. El contraste entre la realidad humana
y social del barrio y cuanto abandonaron, libremente y generosamente, en España,
fue brutal.
El Rebollo es un lugar de inmigración. Hay
recogidas familias venezolanas y suramericanas, especialmente de Colombia. La
ocupación del terreno por la construcción de los ranchos ha sido rápida, pero no
respetan los criterios necesarios de la vivienda. Con el tiempo la situación ha
ido mejorando.
Sus habitantes pagan las consecuencias de un desarraigo afectivo, humano y
religioso. Faltan las familias como núcleos estables, y abundan en cambio la
delincuencia, el alcoholismo, la violencia, la droga, etcétera.
Aquí nos ha llevado el Dios y los miedos iniciales han estado transformados en
alegría y esperanza, regalos que sólo Él es capaz de darnos.
Lo que hicimos en los primeros meses fue de ir casa por casa. Puesto que no
encontramos parejas casadas, nos encomendamos a la así llamada " pastoral de la
tortilla": invitamos a una merienda todas las " parejas estables" del barrio.
Vinieron más que 100. También pudimos dar la catequesis de la iniciación
cristiana dónde existió un sentimiento religioso mínimo y Dios nos ha consolado
con verdaderos milagros. Las comunidades crecen en número y en madurez. Muchas
familias están reconstruyendo, las parejas de hecho se casan y los hijos
empiezan a entender lo que significa ser queridos por sus padres, pobres a lo
mejor, pero que el descubrimiento de Dios, Padre, que los quiere tal y como soy,
han dado una vuelta a su vida.
Esto ha hecho que el Rebollo también haya cambiando en su aspecto físico ya que
se ven mejoras en sus viviendas, las vuelven más decorosas y más humanas.
Además
hay una realidad más importante: entre los que han entrado en las comunidades,
ya más que trescientos, éstas son las estadísticas:
*el 14% hizo empleo de drogas
* el 28% poseyó armas, aunque por discreción no hemos preguntado si habían
matado a alguien
* el 37% se prostituyó
* el 60% robó frecuentemente
* el 60% se emborrachó muchas veces
* el 34% vivió o sigue viviendo en amancebamiento
En 1996 en el rebollo hubieron cincuenta homicidios. En 1997 han bajado a
siete, y hasta este punto de 1998 ha sido solo uno.
¿Cómo no bendecir al Señor y no mirar el futuro con esperanza? Es evidente que
el encuentro con la Palabra de Dios convierte los corazones. Por esto se abre un
futuro espléndido para este rebollo de " Casablanca - Oropeza."
Todo este complejo lo hemos llamado " Ciudad de la Esperanza. " ¿Será factible?
No nos lo dudamos. Dios inspirará muchos corazones para estos sus hijos en
necesidad. Por esto en el centro de la ciudad habrá una iglesia grande y
apropiada.
La Iglesia de Valencia, por nuestro medio, está presente en los cerros de
Caracas. Está aquí.
P. Antonio María Zabía S.M.
P. JESÚS MARTÍNEZ GUTIÉRREZ
Francisco Bolinches