Entrevista a doña María Dolores García, esposa y madre de 14 hijos «El que se fía del Señor no queda defraudado»

Alfa y Omega , Juan Luis Vázquez


Doña María Dolores García, esposa de don José Luis Mendoza Presidente de la Universidad Católica San Antonio, de Murcia, recientemente nombrado Consultor del Consejo Pontificio para la Familia, sabe bien lo que es llevar una familia. En esta entrevista relata a Alfa y Omega su experiencia de tener y educar a 14 hijos:

Ustedes tienen 14 hijos. Más de una vez le habrán dicho que es una locura?
Nosotros lo hemos vivido como un don de Dios. Cuando nos casamos, teníamos nuestros planes sobre lo que iba a ser nuestra vida, pero el Señor ha acontecido y nos ha dado una vida mucho mejor. Yo pensaba que el número ideal eran cuatro hijos, porque en mi familia éramos cuatro, pero cuando tuve el segundo, pensé que ya me había pasado. Al conocer a Jesucristo de cerca, he visto cómo Él me ha dado su vida y me ha dado la capacidad de amar. Yo no tenía en mis manos más que egoísmo, pero Él me ha dado su vida para yo poder dar la mía; y ahora estoy contentísima y feliz. No me cambio por nadie.

También han sido familia en misión. ¿Cómo fue esa experiencia?
Estuvimos en la República Dominicana ?tras un envío que realizó el Papa?, en una zona donde había una gran presencia de sectas. Ese tiempo fue muy bueno, porque nos dimos cuenta de lo poca cosa que somos, lo débiles que somos. Descubrimos muy de cerca el amor de Dios; al haber un sufrimiento más intenso, descubres a Dios más próximo, y estás más sensible para rezar y volverte a Él. Fue el período de mi vida en el que yo he sufrido más profundamente, y en el que noté de una forma especial el consuelo y la dulzura del Señor.

El Papa dice que el futuro de Europa pasa por la familia. ¿Qué piensa al respecto?
Tiene toda la razón. La familia es el lugar donde uno se desarrolla como persona y recibe los valores fundamentales. Ahora parece que a los Gobiernos les interesa que la familia venga a menos, que no sea fuerte, porque así pueden tener individuos más manipulables, mucho más que si viniesen de una familia verdaderamente unida y fuerte. Así se destruye a la persona.

Cada vez hay menos jóvenes dispuestos a casarse para toda la vida.

¿Cómo les animaría usted, desde su experiencia de esposa y madre?
A mí me da la sensación de que ese miedo a casarse es una manifestación de la irresponsabilidad en la que vive o se ha educado la gente. Muchas veces, los padres, para compensar el poco tiempo que dedican a sus hijos, los colman de cosas materiales, resolviéndoles todos sus problemas. Así, los niños no tienen ocasión de sufrir prácticamente nada, y de mayores les cuesta tomar responsabilidades.
Lo veo en personas cercanas. Yo les animo, porque he experimentado en mi vida que el que se fía del Señor no queda defraudado. A mí me han dicho, al verme con tantos hijos: «¡Con lo difícil que está la vida!» Pero yo he visto que a Dios nadie le gana en generosidad. Nosotros hemos tenido hijos cuando mi marido tenía trabajo y cuando no. A la vuelta de Santo Domingo, pasamos dos años sin trabajo, pero estábamos igualmente abiertos a la voluntad del Señor, y Él nos dio una hija.
Dios no nos ha fallado nunca. Mis hijos están acostumbrados a heredar ropa, pero están contentísimos.

La familia Mendoza-García

¿Alguno se ha casado ya?
Todavía no. Yo les digo que se lo piensen bien y que intenten conocer a personas de fe. A una de mis hijas le digo, medio en broma, medio en
serio: «Si un chico no tiene fe, no te vayas a tomar ni un café con él; porque si te enamoras, ¿luego qué haces?» Yo les digo que valoren lo primero la fe, porque con Jesucristo en medio del matrimonio no hay problema de que su Cruz no sea capaz de iluminar y de ayudar a resolver o a vivir en medio de las dificultades.

En cuanto a la situación de la mujer, ¿cree que se puede compatibilizar la vida familiar y la vida laboral?
Yo pienso que, si se puede, adelante; pero si no se puede, hay que tener muy claro que lo primero es la vida familiar. Sé que no suena políticamente correcto, pero yo lo he visto así de claro. Para una familia es importantísima la educación de los hijos, y los hijos no se pueden educar en la distancia, dando luego un poco de tiempo y llamarle tiempo de calidad. No. Con los hijos hay que estar. Si no estás con ellos, no tienes tiempo ni de manifestarles afecto ni nada.
Para nosotros, la familia es un don de Dios y hemos valorado que, por encima de todo, queremos que nuestros hijos reciban la fe; nos encanta que estudien, pero sabemos que con la fe van a experimentar el amor de Dios y a tener la vida eterna. Eso es lo primero. Todo lo demás, es para este mundo; y este mundo va a pasar. Entonces, si se puede compatibilizar la vida familiar y la profesional, estupendo, pero si no, lo primero es lo primero. Animaría a las mujeres jóvenes a que no se dejen engañar por una nómina a final de mes; es mucho más importante la vida de sus hijos.

Juan Luis Vázquez