«Kiko Argüello ha pasado del nihilismo y la angustia existencial a resucitar por la gracia de Dios»

«El catecumenado en la parroquia de San Lázaro duró veintiocho años»   Oviedo, J. MORÁN

Antonio Heredia Armada, sacerdote de 60 años, es predicador itinerante del Camino Neocatecumenal, el movimiento creado por Kiko Argüello, célebre en los últimos días por haber pintado y diseñado frescos y vidrieras para la Almudena. El Camino Neocatecumenal reúne a un millón de seguidores en 105 naciones, con más de 1.500 comunidades en 800 diócesis y 5.000 parroquias. Antonio Heredia (Gijón, 1944) es el sexto hijo de catorce hermanos nacidos de Ricardo Heredia, conde de Benhavis, y de Victoria Armada Ulloa. Estudió con los jesuitas en el Colegio de la Inmaculada y, desde 1962, en el ICADE (Madrid), donde se tituló en Derecho y Económicas. A los 25 años ingresó en el Seminario de Oviedo, se ordenó en 1975 y trabajó cinco años en Tineo y, posteriormente, en la parroquia de San Lázaro (Oviedo).

-¿Cuándo y cómo se incorpora al Camino?

-En 1981. El entonces arzobispo, Merchán, me liberó para participar en los equipos que evangelizaban, que creaban nuevas comunidades por todo el mundo. Yo había conocido el neocatecumenado en San Lázaro, siendo coadjutor junto a quien hoy sigue como párroco Celestino Castañón. El Camino comenzó en esa parroquia en 1979, con dos comunidades. Me propusieron escuchar las catequesis iniciales, la predicación kerigmática por la que se suscita la conversión y se comienza un camino de fe. Había tenido una experiencia previa que me preparó. En 1980 había hecho unos ejercicios espirituales y tuve una experiencia fuerte de conversión. La manera de llevar mi vida y de ser cura sufrieron un vuelco total. Yo era un cura progre al uso, muy superficial. Me había inventado un poco la forma de ser cura, algo que era usual en aquellos años. Me di cuenta de que era un pecador y de que estaba ciego. Entonces fue fácil para mí conectar con el espíritu de las comunidades del Camino.

-¿En qué consiste la itinerancia?

-Se forman equipos, cada uno con un presbítero y con laicos, y, posteriormente, con familias, que sentían esa llamada a la predicación. Aquello me produjo ilusión. Empecé en equipos por España, durante ocho años. Y en 1988 di el salto a Panamá, donde ahora estoy en el equipo con un matrimonio que tiene nueve hijos. -¿Cuándo conoce a Argüello y cuál fue su impresión?

-Cuando salí de la diócesis, asistí a una convivencia de itinerantes que hay todos los años. Allí, los equipos hablan de cómo va el Camino en cada zona e intervienen los iniciadores del Camino: Kiko y Carmen Hernández. De él me llamó la atención la fuerza de su predicación, aterrizada y hecha por un laico, distinta de las homilías de los presbíteros. Kiko había sido un alejado de la Iglesia, un hombre del mundo, un artista, y conocía muy bien las situaciones de sufrimiento, de pecado, de muerte. Él mismo había vivido el sinsentido. Eso le da gran garra a la hora de hablar desde la propia experiencia.

-Para dirigir a un millón de seguidores también será un organizador, o un líder.

-Líder lo es; sin duda. Lo había sido ya de joven. Pero como artista era anárquico, bohemio, y muy poco organizado, más bien desordenado. Ya en el Camino, a medida que iba creciendo y aparecían realidades nuevas, tuvo que dar una respuesta. Pero no es la organización realmente lo que prima, sino el Espíritu Santo que habla a través de los acontecimientos. Primero fue surgiendo la visión de restablecer el catecumenado; después surgieron las familias con vocación de dejar su tierra, su trabajo y acudir a países de misión y allí enterrarse para algo que no se sabe qué, para algo que el Espíritu Santo movió. Después surgieron las vocaciones sacerdotales y los seminarios. Fueron cosas no programadas. Lo que caracteriza a Kiko es la entrega a esta misión que ha recibido, después de haber experimentado su conversión, de pasar del nihilismo y de la angustia existencialista a resucitar por la gracia de Dios. Él puso su vida totalmente al servicio de la Iglesia. Cuando el Camino se fue perfilando, después de la primera experiencia en Zamora, él se fue a Roma para entregárselo al Papa, lo mismo que hizo Ignacio de Loyola con la Compañía de Jesús.

-¿Es célibe?

-Es célibe por el Evangelio. Él, humanamente, se sentía muy inclinado a la vida afectiva, a la familia y a la mujer. Lo ha hecho para poder servir a la Iglesia, para servir con total dedicación.

-Los fundadores acaban subiendo a los altares. ¿Es Argüello santo?

-En el sentido amplio, todo cristiano es santo en cuanto que participa de la santidad de Dios. Lo que hace el catecumenado, el bautismo, es revestir al hombre de la santidad de Cristo, que toma su pecado sobre sí y le reviste de su santidad. En un sentido más concreto, no lo sé. Lo que sí puedo decir es que Kiko, como cualquier apóstol, ha sufrido por el Evangelio.

-Argüello abrió el curso, el pasado año, en el Seminario de Barcelona, y su intervención fue calificada de apocalíptica.

-Su predicación es profética. Muchas veces los profetas de la Biblia iban contra lo que el pueblo quería oír y lo que hacía era denunciar. Si uno tiene que hablar de parte de Dios y decir la verdad de Dios, tiene que enfrentarse a sectores y a personas. Un profeta auténtico no puede estar pensando en contentar a las personas. Es exactamente igual que el Papa, que es el modelo de todo apóstol, que defiende la integridad de lo que ha recibido, el depósito de la fe y también de la moral. Defenderlo con valentía y sin miedo al rechazo es lo que a la larga ayuda al mundo y es la garantía de que esa persona habla en nombre de Dios y no se está buscando a sí misma. En ese sentido, comprendo que haya suscitado esas reacciones. No es que él sea así, es una persona muy afectiva y cordial. El Papa también lo es. El Papa sería el primero en desear que nadie se molestase, pero eso es imposible.

-Se califica al Camino de movimiento neoconservador.

-Lo considero un honor porque quiere decir fidelidad a al Iglesia. Una de las cosas más extraordinarias de este carisma es que nació totalmente fuera de las corrientes de su tiempo. En los años sesenta y setenta hay una gran contestación intraeclesial y el marxismo tiene una influencia enorme en el cristianismo. El que Kiko, que era un hombre de su tiempo, predicase un cristianismo tan ortodoxo, tan de toda la vida, tan fiel, y tan desideologizado, para mí es un milagro.

-Predominan las familias numerosas en el Camino. ¿Se predica en ese sentido?

-No sucede porque entren en el Camino familias numerosas, sino porque el caminar, el ser iniciados en la fe y el ir creciendo en la fe les lleva a eso. La predicación que se hace en el camino no es para nada diferente de la moral de la Iglesia. La moral de la vida familiar, la moral sexual, etcétera, es lo que la Iglesia predica, concretamente a través del Papa, que está totalmente en contra de por dónde discurren las cosas en el mundo. Pero no hay ninguna insistencia particular.

-¿Cuánto dura el Camino?

-El catecumenado termina cuando la persona renueva el bautismo. Las primeras comunidades tardaron bastantes años. Las de San Lázaro comenzaron en 1975 y terminaron en el 2003. El proceso duró 28 años, pero tengo dos hermanas en una comunidad de Madrid que terminaron en 16 o 17 años. Depende de circunstancias. Ahora que el paso ha sido abierto, y ya está fijado el itinerario, será más rápido.