Imprimir  Drucken

Roma: Funeral Juan Pablo II

Preparativos

El día en que Juan Pablo II falleció me llama mi responsable para ver si tenia conocimiento de alguna peregrinación para ver y despedir a Juan Pablo II, a lo que le respondí negativamente.

Al cabo de unas horas me volvió a llamar para saber si estaría interesado en ir Roma a despedir al Santo Padre y le contesté que sí me gustaría ir.

A partir de ahí comenzaron unos frenéticos días de organización para poder ir a Roma, gente que se apunta, gente que se borra, bajas de última hora por enfermedad, cambio de destino porque cerraron el aeropuerto de Ciampino los días 7 - 8 ya que iban a llegar multitud de personalidades.

Desde el principio estábamos dispuestos a todo: a dormir en el suelo todos los días, a estar en la calle dispuestos a no ver nada;  a estar lejos pero  con ganas de estar cerca de los restos mortales de Juan Pablo II.

Nos embarcamos en esta aventura 9 hermanos de la comunidad, 3 chicos y 6 chicas.

Jueves

Decidimos ir, “No tener miedo”, sabiendo que Dios nos cuidaría y proveería para nosotros. Gracias a Dios unos hermanos de la parroquia de Cecchina (también del Camino Neocatecumenal) que ya nos habían acogido en el Jubileo del 2000, nos acogieron de nuevo en sus casas los días que estuvimos en Roma. ¡Qué maravilla! Nos trataron, como a hijos propios, como al mismo Cristo. No nos faltó de nada, nos alimentaron con abundancia, nos dieron cariño, amor y todo lo que necesitamos.

Nos fueron a buscar al aeropuerto al que nos habían desviado a Fiumicino (a 30 minutos de Roma). Llegamos con 2 horas de retraso a las 19:00 Allí nos esperaba Giuseppe y su hermano Emanuele (ambos conductores de autobús) que nos llevaron hasta Roma.

Comentábamos en el coche donde nos quedaríamos para ver el funeral, si en San Pablo Extramuros, si en el Circo Máximo, si en Tor Vergata,… cuando dijo: “Vamos a intentar acercarnos a la plaza de San Pedro.”

Pasamos por una colina al lado de la plaza de San Pedro y nos comento: “Vamos a intentar entrar por el aparcamiento que esta a los pies de la colina” cogimos todas las mochilas y los sacos y cruzamos sin problemas el aparcamiento llegando a el principio de la Vía de la Conciliación, justo al lado de la Plaza San Pedro. ¡Un Milagro! Eran las 20:15 y estábamos en un sitio privilegiado.

Había miles y miles de personas en las calles de los alrededores del Vaticano y sin saber como se había conseguido estábamos en un puesto de honor, al lado de San Pedro y de 2 pantallas de Televisión.

Nos aposentamos, estiramos en la calle los sacos, esterillas donde dormiríamos esa noche a la mañana siguiente participar del Funeral de Juan Pablo II.

Poco después de estirar las cosas cerca de las 21:00 observé un grupo de personal de seguridad (equipado con chalecos reflectantes amarillos) y sin saber como ni porque me acerqué a ellos.

De repente abrieron las verjas que daban acceso a la Plaza de San Pedro y en un momento nos vimos envueltos en una fila para ver a Santo Padre, ya que de paso que dejaron entrar al grupo de personal de seguridad dejaron también pasar a los curiosos que estábamos allí.¡Otro Milagro!

En días anteriores algunas personas habían estado 10 horas, 15 horas, 18 horas para ver a Juan Pablo II. El Miércoles, día anterior al que habíamos llegado habían cerrado la cola para ver a Juan Pablo II a las 22:00, aunque posteriormente lo ampliaron hasta el Jueves a las 16:00 ya que estaba siendo muy fluido.

Eran las 21:00 y sin ninguna esperanza estábamos dos hermanos que habían venido conmigo y yo, que nos encontramos en la fila. Llamamos por teléfono al resto para que se acercase a ver si les dejaban pasar.

Esos momentos son indescriptibles, una emoción, una alegría, una paz, que no dábamos crédito a lo que estaba pasando. Rezando sin parar por los que no habían podido entrar, por lo que no pudieron venir, por los que se quedaron en Oviedo, por nuestras comunidades, por la evangelización, por la iglesia, por la humanidad…

En 20 minutos entramos a ver al Santo Padre, nos quedamos en los laterales de la basílica rezando, personalmente con una paz y gratitud hacia Juan Pablo II inmensas, en esos momentos se me posó en una mano toda la vida de Juan Pablo II, todo lo que había hecho y dicho (“Ánimo jóvenes, se puede ser moderno y fiel a Cristo”, “No tengáis miedo”, “No os bajéis de la cruz”, etc.) y en la otra mano todo lo que ha  sido mi vida llena de egoísmo, huyendo de la cruz, siempre pensando en uno mismo, en como tener mas placer, en tener mas. Un sentimiento me habló con claridad: “Está claro el camino que tienes que seguir”. Esto me ha quedado sellado en  el corazón y espero no olvidarlo jamás.

De la que salíamos, sin llegar a salir, nos avisaron que otros tres hermanos habían conseguido entrar y venían corriendo hacia la basílica. Una hermana estuvo en frente de los policías diciéndoles que su novio acababa de entrar que ella quería estar con él. Lo repitió una y otra vez. Tuvieron conversaciones los policías para ver que hacían, pero no les permitieron el paso, pero sin saber como después de estar allí unos 30 minutos, les dejaron pasar indicándoles que corrieran deprisa hasta la basílica. ¡Otro Milagro!

Entraban emocionados, corriendo y llorando a la vez, rezamos de nuevo todos juntos y salimos de la basílica, por una calle lateral, opuesta a donde estábamos situados.

Recorrimos unas cuantas calles, nos cruzamos con multitud de personas que hacían casi imposible caminar, atravesamos una calle por la que unos policías nos decían que no se podía pasar.

Tardamos cerca de 2 horas en regresar a nuestro sitio, cruzando de nuevo por el parking nos encontramos a un policía que no nos dejaba pasar. Le dijimos que teníamos las cosas dentro y después de insistir dijo: “Que pase uno” y siguió caminando y obviamente corrimos de nuevo todos hasta nuestro sitio.

Allí se habían quedado otras tres hermanas que no habían podido pasar a ver a Juan Pablo II y se habían quedado a cuidar las cosas. En nuestro corazón las llevamos cuando estuvimos frente a Juan Pablo II

Rezamos vísperas en un corro, estábamos contentos y eufóricos y después de todo lo que había pasado y nos pusimos a dormir.

Viernes: Funeral de Juan Pablo II

A la mañana siguiente, nos quedamos donde estábamos ya que teníamos en frente dos pantallas de televisión y veíamos muy bien y en la plaza San Pedro algunos no alcanzaban a ver el fondo. De todos modos nos acercamos a la plaza a comulgar.

El funeral fue extraordinario, mucha emoción, mucho agradecimiento a Juan Pablo II, la homilía de Ratzinger apropiada para la ocasión, unos interminables aplausos de agradecimiento a Juan Pablo II, un viento que sopló el humilde y sencillo ataúd de Juan Pablo II y que movía las paginas de la Biblia, hasta que se cerró, que había encima del ataúd. Un viento que estuvo también presente en el altar y que quedó visible cuando llegaron en procesión los Cardenales.

Al acabar el funeral caminamos hacia la colina, donde comimos y donde nos vino a recoger Emanuele en un autobús, que por cierto era el único que circulaba en esos momentos por toda Roma.

Fuimos por primera vez a las familias, estuvimos hablando con ellas y descansando durante la tarde.

Sábado

Al día siguiente (Sábado) fuimos temprano a Roma y visitamos casi todas las plazas: la Plaza de la Republica, la Plaza del Pueblo, la Plaza de la Patria, la Plaza España, la Plaza Navona, la Fontana de Trevi, etc.…

Regresamos para arreglarnos e ir a la Eucaristía con la 3º Comunidad de Cecchina a la que le siguió un magnifico ágape.

Domingo

El Domingo rezamos laúdes con las familias que nos acogían y fuimos de nuevo a Roma a ver San Pablo Extramuros y el Vaticano, ya que los que no pudieron entrar a ver a  Juan Pablo II no pudieron verlo.

El domingo muchos cenaron en la casa en la que estaba acogido por el matrimonio: Elena y Filiberto. Sacaban una pizza, y ¡otra!, y ¡otra!, y parecía que nunca acaba, sacaron hasta 12!! (y vaya buenas que estaban mmm..) Quedamos lo que se dice saciados por completo.

Lunes

A la mañana siguiente (Lunes), partíamos rumbo a España. Nos despedimos de las familias y caminamos de regreso. Aterrizamos en Santander, comimos allí y luego cogimos el autobús para regresar a Oviedo al igual que habíamos hecho a la ida.

Final

Tengo también que decir que concretamente en la familia en la que estuve fue un regalo para mí. Empezando desde la abuela de 93 Anna con la que estuve compartiendo experiencias, una mujer a la que en la 2º Guerra Mundial una bomba le quito a sus 5 hijos y ella con solo una herida en un nudillo cuando habían muerto mas de 2000 personas con esa bomba. Una mujer que luchó y lucha hasta el final, acogió en su casa a 3 jóvenes del bando perdedor de la guerra para que no fueran pasados a cuchillo, les quemó sus ropas y le puso ropa de su marido, salvándoles la vida ya que el ejército vencedor paso por la casa. 40 años después uno de ellos fue a buscarla para darle las gracias. En otra ocasión el Señor la salvó milagrosamente a ella y al resto de familia, tíos, sobrinos de la muerte.

Después de la guerra tuvo 5 hijos, igual numero de chicos y chicas que los que había tenido y habían muerto, una de ellas está en un convento y otra de ellas Elena que es la que me acogió, madre de familia y además iconógrafa según el canon ruso desde hace 20 años (ambos cuadros son de ella) , que tiene un talento y un arte verdaderamente admirables y hermosos. El marido, Filiberto, los hijos, Francesco, Maria Chiara y Débora, todos entrañables y admirables . Gracias.

Gracias a Dios también por todo lo que me ha permitido vivir y ahora contar.

Gracias Juan Pablo II por todas las palabras y consejos, Gracias por entregar tu vida.

Gracias a todos lo que hicieron posible este viaje.

Gracias.

 

Pablo Martínez Serrano, 21 años, estudiante de Ingeniería Técnica en Informática

2º Comunidad de la Corte

Oviedo (España)