Fecha publicación: 2003-11-16
Kiko Argüello: «La comunidad cristiana tiene que mostrar la belleza del amor»
El iniciador del Camino Neocatecumenal en el Congreso Católicos y Vida Pública
MADRID, 16 noviembre 2003 (ZENIT.org-Veritas).-
Más de 1000 congresistas en directo y 4000 por Internet siguieron esta sábado
las palabras de Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumental, en el V
Congreso Católicos y Vida Pública, celebrado este fin de semana en Madrid.
«Me gusta poner la Belleza en relación al placer, a la emoción estética, porque
Quien ha creado la naturaleza la ha hecho bella para darnos placer, y el placer
está en relación con el amor», comenzó diciendo Kiko Argüello en un discurso de
«pinceladas impresionistas» sobre la Belleza.
«Como pintor, he estudiado las leyes de la armonía, y todo en la naturaleza está
en función de la Belleza. Todo mantiene relaciones armónicas, una función de
relación, como si las leyes armónicas de la naturaleza dijeran que lo que
produce esta relación es el amor», añadió.
Kiko Argüello afirmó que «el artista intuye estas relaciones dificilísimas y
complicadas y las aplica; y todos sabemos distinguir cuando lo ha conseguido. En
la Estética hay un profundo secreto: el Amor».
«La tersura del cielo valora la dureza de las rocas; el bosque, las casas del
pueblo; como en un cuadro, cada tersura y material valora al otro», dijo.
Ante la Belleza expresada en la naturaleza se preguntó: «¿cómo es posible que
seamos ateos? ¿quién nos está cambiando el agua?»
«Europa espera de nosotros, los cristianos, la nueva evangelización», pero
siguió interrogándose: «¿dónde están los cristianos?».
El iniciador del Camino dijo que para salir al paso del ambiente de ateísmo y
despersonalización actual había que seguir el mandato de Jesucristo a los
apóstoles de «salir a predicar sin nada».
Argüello cree que una correcta exégesis del pasaje bíblico en el que se pide
«dar de comer a los hambrientos y de beber a los sedientos» debe ver en los
apóstoles a los destinatarios de esta caridad cristiana.
«Las comunidades cristianas son una realidad que Dios ha suscitado para llevar a
cabo el Concilio Vaticano II; la comunidad cristiana será la que salve y
recupere a la familia; la familia numerosa salvará a Europa, ¿cómo dudar de dar
un hijo a Dios para que viva eternamente?», se preguntó por último.
«Se salvarán al final los que hayan aceptado a la Iglesia", dijo. "No es que no
haya que usar los medios (universidades o medios de comunicación cristiana por
ejemplo), pero hay que descubrir el quid de la evangelización», afirmó.
Argüello se refirió a la «Iglesia como el cuerpo de Cristo resucitado, donde los
ciegos ven, los sordos oyen, y los muertos son resucitados a la vida». «Entonces
--dijo-- tiene que aparecer la comunidad cristiana que muestre la belleza del
Amor al mundo».
Recordando palabras de Juan Pablo II en su «Carta a los Artistas», Argüello dijo
que "la Belleza es necesaria porque sin ella los hombres llegan a la
desesperación". Para ilustrarlo, habló de ciertos barrios en las afueras de las
ciudades ex comunistas en las que las casas «parecen cajas de cerillas» y donde
para llevar un poco de Belleza «nos han ofrecido hacer iglesias».
A la pregunta «¿con qué estética queremos salvar al mundo?» (que Kiko Argüello
formuló hace dos años con los obispos de Norteamérica en Nueva York), respondió
que deben construirse iglesias «con un nuevo tipo de estética y de asamblea»
porque «la belleza es reflejo profundo del espíritu».
Citando una sentencia del Talmud, Argüello dijo también que «Dios juzgará al
hombre por las cosas buenas que habiéndole sido dadas para gozar, no ha gozado».
Teniendo siempre en cuenta referencias bíblicas, Argüello habló de la belleza
perdida de Israel a causa de las idolatrías y dijo «cuando la felicidad se pide
a un ídolo, lo primero que hace ese ídolo es hacernos ciegos a la voluntad de
Dios y a su plan en la historia».
Al referirse a la visión apocalíptica en la que la «madre de las rameras» es
identificada con Babilonia, Argüello se preguntó si ciudades como Roma o Nueva
York no serán la Babilonia de nuestros días.
Kiko Argüello se preguntó si la imagen de la gran ciudad no es hoy la de tantos
sitios donde se cometen abortos, eutanasias, manipulaciones genéticas, etc.
El iniciador del Camino Neocatecumenal, que ha regresado recientemente de un
viaje para visitar a las comunidades asentadas en Japón, Corea y Tailandia
llamó la atención sobre la homgeneidad de gustos en la arquitectura, el cine o
la ropa, en las distintas ciudades que visitó, e invitó a hacer una reflexión
profunda sobre este fenómeno que responde a una renuncia de las características
culturales propias.
Se lamentó de quienes «viven la realidad en función de la satisfacción del yo»,
lo que lleva a una distorsión de las cosas donde «el bien es lo que yo creo que
es el bien; se ha construido una cosmogonía donde el hombre es el centro de
todo, separándose de Dios, el hombre es Dios de sí mismo».
«A pesar de todo lo que quiere ser, el hombre que en su ser más profundo está
muerto, hay algo que no puede hacer: no puede amar, porque ha experimentado la
muerte», dijo.
«¿Cómo puedo matar a mi yo si no he vencido a la muerte?» --se preguntaba
Argüello-- «Por eso hay tantos divorcios, se separan no porque sean malos, sino
porque no pueden más. La muerte en el ser más profundo hace que el sufrimiento
no tenga sentido porque no tiene sentido el hombre. El temor a la muerte es
temor al sufrimiento que se expresa en el divorcio, la droga, la huida», añadió.
Señalando la imagen de Cristo crucificado que presidía la mesa del Congreso
dijo: «Ésta es la imagen de la libertad: Cristo crucificado».
Y prosiguió diciendo «es falso que Dios nos ame al dejar el pecado, Él ha dado
su vida por nosotros cuando éramos pecadores; nos ama con un amor total aún
siendo pecadores, la maldad nunca nos podrá separar de Dios».
«La fe no es una cuestión moral, sino un don de Dios; cuando Dios la da, se
muestra rápidamente en las obras de vida eterna, que son amar como Él nos ha
amado», concluyó.
Finalmente, Kiko Argüello habló de la «antropología mezquina» que sólo se
pregunta y asiste a las necesidades materiales del hombre, «como si el hombre
interior no estuviera muerto».
Al explicar el título de su conferencia «La Belleza que salva al mundo», Kiko
Argüello dijo que no quería hablar de cualquier belleza, sino de «la que salva:
Cristo», e inició su ponencia hablando de su propia experiencia de salvación.
Como estudiante de Bellas Artes, entró en contacto con el teatro de Sartre y el
absurdo existencial. Rodeado de un ambiente de izquierdas, afirmó que no se hizo
comunista porque el comunismo no daba respuesta al sentido de justicia
total.
«Yo decía ¿cómo teniendo en mi interior este sentido de justicia me encuentro a
mi alrededor con tanta injusticia? No me hice comunista porque ellos hablaban de
la justicia para algunos pero no tenían un sentimiento de justicia hacia la
historia y yo tenía un sentimiento de justicia total», afirmó.
El artista siguió hablando de su experiencia en estos términos: «Dios permitió
que tuviera una crisis profunda existencial de fe»; luego añadió: «No entendía
cómo se podía vivir sin responder a la pregunta ¿Dios existe? Quizá había que
vivir y basta, pero yo no era capaz de vivir así, pensaba que algún día me
quitaría la vida».
El giro se produjo cuando Argüello descubrió que algo en su interior «no estaba
de acuerdo con el absurdo... Había una belleza y un eco en la naturaleza que no
era absurdo».
Kiko Argüello describió una experiencia, que en el inicio de su camino de fe que
le marcó profundamente: «entré a una iglesia en el centro de Madrid, creo que
era la Iglesia del Carmen, estaba llena de viejos, como si los artistas y los
jóvenes hubieran abandonado la Iglesia, aquello me tocó».
Este artista, hoy predicador, explica así su encuentro con Dios: «Es como si a
un condenado a muerte al que iban a matar y de repente lo dejan libre». «Me
bastaba que Dios existiera», pero, --añadió--, «además somos "hijos" de Dios».
Argüello cree que Dios ha conducido su vida a través de diversos
Acontecimientos; citando palabras del escritor Camus, narró a los congresistas
su «encuentro sorprendente con el sufrimiento de los inocentes».
«Descubrí un sustrato social profundo de gente en la miseria, terriblemente
marcada por los pecados de otros. Allí encontré a Cristo crucificado», dijo.
«Si viera a Cristo venir en su segunda venida, me gustaría que me encontrara a
los pies de Cristo crucificado en el mundo», añadió.
El paso siguiente a esta experiencia fue su traslado a las barracas de pueblos
marginados madrileños, «para ponerme a los pies de Cristo crucificado», donde
iniciaría el Camino Neocatecumenal.
Según sus palabras, aquello fue «un laboratorio donde había que encontrar una
síntesis teológico-catequética».