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Argüello aseguró que «la pintura religiosa no es
el arte por el arte, sino una forma de evangelizar»
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Sara Martín/Álvaro de Juana
Madrid- Tres cuartos de hora antes de que
comenzara el V Encuentro de Universitarios Católicos, cerca de
doscientas personas ocupaban los quince primeros bancos de la Almudena y
paseaban por sus capillas. Una señora de mediana edad preguntaba: «¿Qué
pasa aquí hoy? Hay tanta gente joven...». Después de los ríos de tinta
corridos sobre las pinturas realizadas por Kiko Argüello –iniciador del
Camino Neocatecumenal– en la catedral de la Almudena, la expectación era
evidente. Con 19 años, Roberto Sastre es seminarista en el Redemptoris
Mater –los seminarios misioneros del Camino Neocatecumenal– de Madrid.
«Yo quería estudiar Periodismo, pero creo que también puedo ser un
comunicador desde la fe, siendo presbítero. Por eso he venido a escuchar
a Kiko. Además, mi juventud también es una “palabra” para los demás». A
las siete menos cuarto de la tarde pocos bancos quedaban vacíos ya, así
que la gente comenzó a sentarse en el suelo cercano al altar. Argüello
llegó diez minutos después, y tras la presentación del responsable de
Pastoral Universitaria, subió al altar entre aplausos desde las más de
mil personas –en su mayoría jóvenes– que se encontraban en la catedral.
El leonés invitó a hacer una oración y agradeció la invitación de la
organización de los encuentros de Universitarios Católicos, y comenzó
contando su vida. «Como soy un pintor, hablo a pinceladas, espero que os
pueda ayudar en algo». El iniciador del Camino Neocatecumenal comenzó su
explicación haciendo un pequeño «esbozo» de su vida. Entre problemas de
sonido, el leonés hizo hincapié en su etapa atea en la universidad,
donde se relacionó «con mucha gente de izquierdas» y fundó junto con un
grupo de artistas el «Gremio 62», que se dedicaba al «arte para la
evangelización». «Pero Dios quiso que, a través de un encuentro personal
con Él, hiciera una kenosis, una búsqueda de la verdad a través del
sufrimiento». «No entendía la injusticia, el por qué del sufrimiento en
los más pobres», explicó Argüello. Por eso, el pintor se fue a vivir
«con los últimos de la tierra»: «Me di cuenta de que si Cristo viniera
mañana, yo quería estar al lado de los inocentes que sufren».
«Muchachos, –se para– ¿se oye bien?». Tras ajustar de nuevo el sonido y
mezclando palabras en italiano, el artista continuó: «Estas pinturas de
la Almudena representan los grandes misterios de nuestra fe –Bautismo,
Transfiguración, Muerte, Resurrección, Ascensión y Pentecostés–, porque
las imágenes ayudan a la fe del hombre. Es necesario que la Iglesia
tenga una estética. El Islam la tiene y nosotros no». Por eso, explicó
el artista, «estas pinturas son un intento de crear esta “nueva
estética” que necesita la Iglesia para hacer frente al Islam». Argüello,
sin embargo, no quiso comentar nada sobre aquellas acusaciones de que
las pinturas de La Almudena las había «copiado» de otras ya existentes.
Frente a la secularización general, el pintor aseguró que «todo lo que
esta ocurriendo con el Islam es una palabra para la Iglesia, y nos
obliga a replantearnos por qué somos cristianos». «Tenemos que
redescubrir nuestra fe, ¡no hay que tener miedo a todo lo que está
pasando en Europa!». El iniciador del Camino Neocatecumenal prosiguió:
«La pintura religiosa es una forma de evangelizar, está al servicio del
hombre que sufre porque tiene miedo a la muerte». «En Europa muchos
jóvenes se suicidan porque, como ha dicho Juan Pablo II, si no existe la
belleza se cae en la desesperanza. Es inútil que la modernidad diga que
Dios no existe, ¡Cristo ha resucitado!». Kiko Argüello concluyó su
explicación entre grandes risas: «Enhorabuena, habéis encontrado una
piedra preciosa: si sois cristianos, ¡congratulations!».