
Las jornadas mundiales con los jóvenes Juan Pablo II las inventó en 1980,
pero las fue soñando desde el inicio de su pontificado, desde el momento en el
que les dijo "Vosotros sois el futuro del mundo, la esperanza de la iglesia.
Vosotros sois la esperanza del Papa". Comenzaron celebrándose el domingo de
Ramos en Roma pero después cada dos años el Papa les ha citado en otro país. La
primera vez en Buenos Aires, en 1987. La segunda jornada mundial fue a los pies
del apóstol Santiago. En Galicia, en el Monte del Gozo, que fue en verdad "un
gozo para el papa". Dos años más tarde, en 1991 fue la ves de Czestochiwa.
Siguió Denver, Manila, París y la última en Toronto. En la fiesta de acogida en
Canadá, Juan Pablo II les dijo a los jóvenes sonriendo: "Queridos amigos a
vuestro anhelo joven de ser felices, el anciano Papa, cargado de años pero aún
joven de corazón, responde con una palabra que no es suya. En una palabra que
resonó hace dos mil años…Bienaventurados… Recordad que la palabra clave de la
enseñanza de Jesús es un anuncio de alegría…Bienaventurados". Toronto en la
lengua de los indios hurones quiere decir "lugar de encuentro" y nunca como el
25 de julio de 2002, tuvo un significado tan auténtico y espectacular. Se dieron
cita para escuchar al Papa centenares de miles de jóvenes llegados del mundo
entero. En Toronto las lenguas se hicieron una única lengua las muchas naciones,
gracias a la multitud de jóvenes, se convirtieron en una única nación. Una
inmensa legión de muchachos dispuestos a ser los centinelas del futuro, a ser lo
que el Papa les pide "los constructores de la civilización del amor".
Paloma Gómez Borrero (periodista)