(CAMINEO.INFO)- Una vez más, se vuelve a decidir sobre la vida de un ser humano, como si el estado fuese Dios, determinando cuándo y cómo puede morir un paciente. Que un médico provoque la muerte a un enfermo y no ejerza su profesión para curarle es una verdadera contradicción, pero no olvidemos que estamos ante una cultura de la muerte.
La Junta de Andalucía, por medio del Consejo Consultivo que es su órgano de asesoramiento, ha emitido un dictamen favorable a la petición de la paciente con distrofia muscular Inmaculada Echevarría, hospitalizada en Granada, para ser desconectada del respirador que la mantiene con vida.
Esta decisión queda alejada de la tesis que formuló el pasado mes el Comité Autonómico de Ética, que dictaminó que la solicitud de la enferma es "un rechazo de tratamiento", un derecho reconocido en la ley española de autonomía del paciente.
Aunque la decisión no ha sido remitida todavía a la Consejería de Salud que dudaba en la legalidad de renunciar al tratamiento que mantiene a un paciente con vida. La dirección y los médicos del Hospital San Rafael de Granada, donde está ingresada la mujer, de 51 años, desde hace nueve años conectada a un respirador que le mantiene con vida, decidieron el pasado 4 de febrero aplazar, hasta conocer ese dictamen, la decisión sobre la petición para que se le retire ese dispositivo.
La plataforma ciudadana “Hazteoir.org” afirmó ayer que "respeta" la decisión de morir de Inmaculada Echevarría, mujer que sufre una distrofia muscular progresiva aunque "teme que este caso se manipule para reabrir el debate de la eutanasia".
La portavoz y médico de la plataforma Gador Joyar señaló, en declaraciones a Europa Press, que el caso de Inmaculada "no corresponde al de petición de una eutanasia, sino que se encuadra en una limitación del esfuerzo terapéutico”, un precepto que recoge como derecho la Ley de Autonomía del Paciente.
En cualquier caso, mostró su temor de que su caso se "manipule" por algunas asociaciones afines a la eutanasia y por medios de comunicación que pretenden "presentarlo a la sociedad como una aplicación de eutanasia" con el objeto, a su juicio, de hacer crear que "existe una falsa demanda social de eutanasia".
No obstante, Joyar lamentó que Inmaculada "haya llegado a esta situación, puesto que nos hubiera gustado que ella, al igual que otros muchos enfermos, tuvieran ganas de vivir, recibiendo el apoyo de toda la sociedad".
Llegados a este punto siempre se nos plantea la misma duda, ¿qué ocurriría si en lugar de invitar y ofrecer a los pacientes la eutanasia o la muerte como fin de los sufrimientos, se le presentase el sentido de la Cruz que Jesucristo nos mostró? Quizás la noticia no sería ésta, sino esa noticia que los medios callan; y es que otras muchas personas enfermas han conocido ese sentido del sufrimiento, y esperan en Dios como verdaderos santos.