(CAMINEO.INFO)- Otro suicidio 'legal' más en la clínica suiza Dignitas, aunque poco tenga de digno lo que se realiza allí a tantas personas engañadas.
Esta vez es el medico australiano de setenta y nueve años John Elliott, quien el pasado jueves, 25 de enero, decidió tomar rumbo a Suiza para acudir con su mujer a la clínica Dignitas, toda una empresa de asistencia al suicido.
Este “viaje de la muerte” se lo ha ofrecido el médico Philip Nitschke. La asociación “Dignitas- por una vida digna, por una muerte digna” es una organización sin ánimo de lucro con sede en Zurich que ha asistido ya a más de 600 enfermos graves a quitarse la vida.
Los socios que quieran tener derecho a sus servicios deben pagar una cuota de entrada de 76 euros, además de abonar cada año, como mínimo, 38 euros, aunque la cifra aumenta en función de las posibilidades económicas de cada futuro muerto. A cambio, la sociedad ofrece todo tipo de servicios para que cualquier enfermo terminal haga efectivo su “derecho fundamental” al suicidio, “por ejemplo en conflictos con las autoridades, con asilos y residencias de ancianos y con médicos no elegidos voluntariamente”.
Nitschke sostiene que el enfermo tendría que haber tenido la posibilidad de morir en Australia, con el fármaco “de la tranquilidad”.
Sin embargo, tal placer no existe. Hace escasas semanas, salió a la luz que una mujer alemana afectada por un tumor cerebral sufrió en su intento de morir. Tenía 43 años y padeció durante algunos minutos un dolor insostenible tras ingerir los fármacos que la clínica Dignitas le proporcionó.
Otros caso similar podría ser el de La doctora Anne Turner, que se sabía aquejada de una enfermedad incurable, una parálisis paranuclear progresiva, acudió el martes, acompañada de sus hijos, a la polémica clínica 'Dignitas', de Zúrich, en vísperas de cumplir 67 años.
Entrevistada por televisión antes de poner fin a su vida tras ingerir una sustancia letal, que le fue administrada en la clínica, Turner se lamentó de que las leyes británicas impidiesen a personas como ella morir en casa 'en lugar de en un país extranjero'.
También debemos informar, que hace unos pocos meses, una cadena de televisión emitió, en horario de máxima audiencia, las últimas horas del británico Reginald Crew antes de entrar a la clínica Dignitas.
No todos los que han entrado aquí con la intención de morir se atrevieron a dar el último paso. Entre los arrepentidos figuran una alemana que regresó dos semanas después, una libanesa que aplazó el suicidio tres meses y un alemán del que nunca jamás se supo. De hecho, el año pasado 40 de los socios de Dignitas fallecieron en sus casas por causas naturales.
Aunque abierto las 24 horas, los responsables de Dignitas suelen citar a los suicidas a primera hora de la tarde: «Se puede elegir el día y la hora, incluso los domingos. Pero preferimos que sea hacia las dos o tres de la tarde porque a la policía no le gusta desplazarse durante la noche», explica Erika Luley.
Si no hay problemas con la Justicia, el cadáver toma sepultura o se incinera, como sucede tras cualquier defunción. La asociación se encarga de gestionarles todos los trámites a quienes llegan solos y también a las familias extranjeras que lo solicitan. Si así lo quieren, hasta les envían las cenizas por correo.
Las estadísticas del año 2001 son poco alentadoras, sobretodo porque sabemos que actualmente su número ha crecido considerablemente.
Miembros de Dignitas que practicaron el suicidio asistido: 50 (11 de Suiza, 31 de Alemania, 2 de Francia, 1 de Grecia, Israel, Italia, Líbano, Austria y España). Razones para tomar la decisión de morir: cáncer (11), enfermedades neurológicas (10), dolor incontrolable (8), enfermedades psicológicas y/o parapléjicas (3), ahogos (2), demencia senil (2), sida (1). Número de socios: 1.081 (hoy son 1.860). El miembro más viejo nació en diciembre de 1907, el más joven, en julio de 1982. Fallecidos ese año por muerte natural: 40. Distribución geográfica de los socios: Suiza (583), Alemania (413), Francia (47), Austria (17), España (3, que han subido hasta los 12 actuales), Suecia (3), EEUU(3), Inglaterra (2), Holanda (2), Hong Kong (1), Perú (1), Polonia (1) y Sudáfrica (1). De todos ellos, 730 miembros han redactado ya sus instrucciones o testamento vital.
Mientras muchos países aun no lo consideran legal, otros tantos si hacen normal el asesinato asistido, incluso modifican sus leyes y lo promueven. Cuando se confunde tanto a la sociedad para hacerles ver que es un acto de solidaridad, lo que es una auténticamente una aberración ante la vida y la moral, es que algo no funciona bien en esos gobiernos y sociedades.
El ‘club del viaje sin retorno’, cada día tiene tristemente más socios que burlan públicamente la legislación de su país sobre eutanasia y viaja a un país extranjero para acogerse a leyes más permisivas. Hoy, quizás más que nunca, haya que hacer ver a toda esa gente equivocada que la muerte y el asesinato, no es la solución.