(CAMINEO.INFO) - Zamora/MEXICO - Entrevistador
A nombre de todos los creyentes de la Diócesis de Zamora, reciba un afectuoso saludo; gracias por recibirnos.
Mons. Javier Navarro Rodríguez
Es un placer estar por primera vez en contacto con todos los bautizados de la Diócesis de Zamora, de la cual he sido nombrado Pastor, a través de MENSAJE, nuestro periódico diocesano, que ya desde ahora lo hago mío.
Mons. Javier, háblenos de su vida y familia
Yo nací en un pueblito de Jalisco, San Juan de los Arcos, del municipio y parroquia de Tala. Fui el cuarto de una familia de 6 hermanos; mis papás, Ángel y María, estuvieron casados por 60 y tantos años, hasta que la muerte los separó, en julio del año pasado, cuando el Señor llamó a mi mamá a su presencia. Viven mi papá, de 89 años, y mis 5 hermanos. Nací en el rancho; viví mis primeros 8 años en contacto con los cañaverales, los grillos, el agua clara, los pajaritos; crecí entre las pequeñas travesuras propias de un niño de rancho, con una mamá atenta a todo, que para dar de comer a 6 hijos molía nixtamal para darles tortillas calientitas a todos. Viví mi infancia, a pesar de la escasez económica, como una experiencia muy rica, que me dio la maravillosa oportunidad de abrirme y sentir la fraternidad. Ahí aprendí que cuando hay carencias, hay que privarse de algo para que los otros tengan la oportunidad, como usar guaraches para que el hermano que va a hacer la primera comunión pueda estrenar sus zapatitos.
En mi rancho cursé mis primeros 2 años de primaria, luego la familia se trasladó al pueblo de Tala para que mis hermanas mayores pudieran terminar la Primaria. A mí me hicieron en un primer momento, repetir el segunda año por venir del rancho.
Con una sonrisa en el rostro y sus ojos puestos en el pasado, nos cuenta la siguiente anécdota: Recuerdo que hubo un concurso de lectura, mismo que gané, no sólo a los niños de mi grado, sino a los de Quinto y Sexto. Esta hazaña llamó la atención y 2 días después me pasaron al mesabanco de Cuarto Año. Así era antes, cosa que hoy por supuesto no; reconozco que tengo una deuda con la SEP, misma que no he pagado, pues no cursé el Tercer Año de Primaria.
NACIMIENTO Y DESARROLLO DE SU VOCACIÓN SACERDOTAL
Continúa la narración: Cuando ya estaba en Quinto y Sexto de Primaria, se intensificó el deseo infantil de ser sacerdote; me atraía el estilo de los sacerdotes; veía que cuando ellos hablaban, todo mundo se callaba; cuando predicaban la Palabra, todo mundo estaba quietecito; me atraía la forma como se comunicaban; era como si al mismo tiempo hablaran con Dios y con el pueblo; me cautivaba el olor a incienso y flores del templo, los rezos y cantos que, aunque no soy muy bueno para cantar, creo que el gusto me surgió desde esa edad.
Entré al Seminario en 1962, siendo párroco de mi pueblo y después obispo de Culiacán, Don Luis Rojas Mena, un hombre muy querido, quien me acompañó a inscribirme al Seminario. No hice Preseminario, porque a lo mejor, si me hubieran examinado, no hubiera sido admitido, pues platicando después con los compañeros, me decían que eran muchos los exámenes previos al ingreso. Sufrí en un primer momento: extrañaba mucho a mi familia, a mis padres y hermanos; nunca me había despegado de ellos. Después de un tiempo, aquel sentimiento de nostalgia desapareció; luego vendrían días de mucha dedicación y alegría como seminarista. Entré al Seminario en tiempos en que el Arzobispo de Guadalajara era el cardenal José Garibi Rivera, a quien siempre admiré porque, a pesar de su asombrosa personalidad principesca, tenía una enorme cercanía con la gente, con el pueblo, una extraordinaria memoria para acordarse de personas y lugares, se acercaba también a los seminaristas, aun a los que éramos chicos.
La siguiente etapa fue la del Cardenal José Salazar López, quien me ordenó presbítero y a quien le guardé siempre afecto, pero antes he de decir que la seguridad que sentí en toda mi vida de Seminario, se volvió dudas y preguntas en la etapa final de Teología; de hecho tuve que abandonar el Seminario, terminando el Cuarto de Teología, para estar fuera un tiempo y pensar si de veras era yo para el caso o no. Me ayudó mucho en esta etapa, el director espiritual para el discernimiento; también tuve mucha comprensión del entonces Rector del seminario y ahora cardenal, Don Juan Sandoval Íñiguez, quien aceptó que yo me saliera. Al año de salirme y estar trabajando en conocida librería de Guadalajara y después de haber orado concientemente y pedirle a Dios su luz, toqué de nuevo las puertas del Seminario. Fue muy comprensivo el Rector Juan Sandoval, porque en la entrevista que tuve para mi readmisión, en 5 minutos estuvo todo arreglado. Me recibió sin ningún informe o recomendación, sin que yo le diera explicaciones de qué había hecho en ese año; este gesto se lo agradezco, porque creo que fue un signo de confianza. Me dijo: Pues saliste del Seminario, después del Cuarto de Teología, porque tú quisiste, ahora vuelves porque tú quieres y eso es lo importante. Creo que eso sucedió así porque ya me conocía. Regresé al Seminario en septiembre del 77; en junio del 78 solicité el Diaconado y me lo concedieron; en diciembre del 78, el Presbiterado, y desde entonces he disfrutado de ese don tan maravilloso que el Señor me concedió.
¿Cómo recibió la noticia de su nombramiento como X Obispo de Zamora?
Para mí fue algo muy sorpresivo; ciertamente, nunca me lo plantee; uno cree que es dueño de aquello que quiere, pero esta experiencia por la que estoy pasando, me ha hecho entender que soy “un siervo inútil”, un administrador, y que cosas como éstas hay que quererlas con el corazón de Dios. A veces uno cree que es parte imprescindible de una comunidad, pero no; esta noticia me hace entender que es Cristo el único Pastor imprescindible y que los demás somos una concretización del Buen Pastor, hoy aquí y mañana allá. La noticia me sorprendió un poco porque, según mis pobres cálculos humanos, algunas señales me indicaban que yo tenía más futuro en esta Diócesis, y nunca pensé que 8 años para el Papa o sus asesores, eran suficientes para estar en esta Diócesis.
¿Su llamado a ser nuestro Obispo tiene que ver con las necesidades peculiares de nuestra Diócesis?
Quien tomó la decisión de pensar en mi persona, ha de estar más enterado de cómo está la situación pastoral de Zamora y sin duda estará también enterado de mi desempeño, primero como Obispo Auxiliar de Guadalajara y ahora como titular en San Juan. Yo he aceptado, sin pensar si soy o no el indicado, sino más bien con una actitud de abandono en la Providencia de Dios, pues finalmente la voluntad de Dios se expresa así.
OBISPO DE ZAMORA DESDE EL 2 DE ABRIL
Yo, con lo poco que he escuchado y conozco de Zamora, dije a la Nunciatura lo mismo que te voy a decir ahora, P. Rafael. Mi respuesta fue en 3 partes: primero le dije a la Nunciatura, para que a su vez se lo comunicara a Roma, que no soy el más capaz, por lo poco que conozco de Zamora; segundo, díganle al Santo Padre que acepto, y tercero, si es posible, para yo asimilar, orar y aconsejarme, pido respetuosamente a la Santa Sede, aguardar un poco más de tiempo la publicación de la noticia, esto porque en las otras ocasiones me habían propuesto y una vez aceptado, a los 8 ó 10 se publicaba. Mi aceptación, en este caso, la di el 2 de abril, y agradezco mucho que la Santa Sede, por mediación de la Nunciatura, la publicara hasta el 3 de mayo. He de señalar que no es casual que yo haya dado mi respuesta el 2 de abril, sino que me lo plantearon poco antes y yo contesté ese día, confiando en la gran intercesión del Papa Juan Pablo II, al celebrarse el segundo aniversario de su fallecimiento o de su entrada al Reino.
¿Cuál es su percepción de la Diócesis de Zamora, de la que se dicen muchas cosas, buenas y malas? ¿Con qué espíritu piensa llegar?
Yo, de Zamora, conozco muy poco. A pesar de que no queda lejos de Guadalajara, donde fui Obispo Auxiliar, y de San Juan de los Lagos, titular, tal vez el no ser de la misma Provincia Eclesiástica o Región Pastoral, no nos dio la oportunidad de más convivencia con los agentes de pastoral, con el presbiterio, los obispos de la región y los fieles. Conozco a algunos sacerdotes desde años atrás. Sé que existe una zona indígena importante, porque en mi estancia como Secretario Ejecutivo de la CEM, al entonces Obispo de Zamora, Don José Esaul Robles, le oí hablar con mucho cariño de sus indígenas; recuerdo que cuando él iba a la peregrinación anual diocesana a la Basílica de Guadalupe, hablaba del “alma indígena” y disfrutaba de los toques especiales indígenas que se integran a la liturgia eucarística. El recordar ahora eso, me da mucho entusiasmo porque yo no he tenido acercamiento alguno con el mundo indígena, y estoy convencido de que mi interés pastoral, sin descuidar los otros sectores, tiene que concretarse en acciones a favor de los más pobres, los indígenas, que generalmente en nuestra patria son los más desprotegidos; me entusiasma saber que voy a poder acercarme a esta zona ya como pastor, una oportunidad que nunca antes he tenido; también porque ahora, en los preparativos para la V Conferencia, se habla mucho de que no debe de faltar el interés pastoral que se traduzca en acciones a favor de los indígenas.
Queda claro que es mucho más mi desconocimiento que lo que conozco de la Diócesis de Zamora; conozco a muy pocas personas y muy poco el ambiente, pero en contrapartida, siento que tengo todavía capacidad de aprender y adaptarme y la clara convicción de que el obispo no tiene que hacerlo todo, sino también los sacerdotes, que son sus más cercanos colaboradores, además de que los asesores le van diciendo cómo y por dónde. Espero que el clero zamorano me contagie de su entusiasmo pastoral, que me advierta de posibles riesgos y también me ayude a entender mi servicio. Por mi parte, voy con todo el ánimo hecho de adaptarme, de ver la realidad, de confrontarla, junto con mis hermanos sacerdotes, con la Palabra de vida y el Evangelio; quiero continuar la obra de mis antecesores, pero siempre en una búsqueda muy sincera de la verdad.
Yo he aceptado, no porque conozca bien Zamora, sino reconociendo que éste es un designio de Dios y que en la Iglesia, Cristo es el Pastor de Pastores, el que va manifestándonos su voluntad, y que si ahora ésta es para mí, de ninguna manera me resisto. Agradezco a Dios esta paz interior de la que ahora disfruto, aunque experimente el sentimiento humano de despegarme de las personas queridas, pero estoy tranquilo sabiendo que Dios va construyendo su historia y que Quien me ha elegido, también me dará los elementos para responderle y ser siempre su testigo ante mis hermanos de Zamora, a los que ahora soy enviado.
En cuanto a que si soy la persona idónea o no para Zamora, no lo puedo decir hasta que, en nombre de Dios, haga un esfuerzo por compartir la fe con la gente de esas tierras. El año pasado, siendo yo Presidente de la Comisión Episcopal de Diócesis, me tocó coordinar, junto con la Secretaría de la CEM, el estudio socio-geográfico y socio-cultural y religioso, de las diócesis de México, para proponer la posible conformación de nuevas provincias; recuerdo que en las aportaciones que se daban sobre lo que identifica a cada región, los de la Región don Vasco contaron cuánta dinámica religiosa existe; noté que son expresiones religiosas muy parecidas a las que vivimos en Jalisco: que si la profunda devoción mariana; que si la religiosidad popular muy arraigada; un gran respeto por lo sagrado, y también una veneración por la misión y figura sacerdotales. Resaltaban la figura de Tata Vasco, tal vez prolongada en sacerdotes y pastores, inspirados en esta enorme figura, aun presente y viva en la vida de la diócesis zamorana.
¿Qué espera de la Diócesis de Zamora?
Que juntos, pastores y fieles laicos, vivamos en comunión para hacer creíble la misión, que no es nuestra, sino de Quien nos envía. En esto, un presupuesto indispensable va a ser la comunión, que no tiene fundamentos sociológicos o psicológicos, sino en el Espíritu, que es el que nos convoca a la unidad y provoca una necesaria diversidad de dones, para aportar cada quien lo suyo, siempre en orden a la construcción, no de la destrucción. Yo espero ser, antes que hacer: ser signo transparente de Cristo, el Buen Pastor; ser el hermano y el amigo, y ser también, cuando sea necesario, el buen samaritano de mis hermanos sacerdotes y mis hermanos fieles laicos.
SU APRECIACIÓN DEL CLERO ZAMORANO
Yo espero que podamos hablar siempre con la confianza con la que uno debe hablar, poniendo como cimiento la verdad, para que a partir de ahí vivamos la libertad de hijos de Dios que nos permita ver con claridad una realidad a la que sea necesario transformar con el fermento del Evangelio. Yo espero vivir cercano, sobre todo a los hermanos sacerdotes, reconociéndoles la riqueza y capacidad que Dios ha dado a cada uno. Espero tener la humildad de reconocer los carismas de los que no soy autor ni controlador ni dueño, sino alguien que debe reconocerlos y pedirle a Dios la sabiduría para coordinar esa riqueza de carismas, para la construcción de una Iglesia en comunión.
He sabido de Zamora que su clero es académicamente muy bien preparado y con muchas inquie-tudes pastorales; pues yo quiero acercarme a él, para reconocerle todos estos valores, y coordinarlos en el servicio de la comunión. Me queda claro que tengo la misión de coordinar, que es una labor en la que me voy a esforzar, porque es la que específicamente se me pide: ser guía en medio de mis limitaciones y ser el coordinador de toda la Diócesis. Pienso que el Señor que me ha llamado a ser obispo, y que sin duda me dará el carisma de la conducción.
¿Conducir es también poner las cosas en su lugar?
Creo que sí, pero hacerlo sin estridencia o violencia, sino con amor y cariño. Tengo la experiencia de que algo que duele y molesta al principio, cuando se está haciendo con toda sinceridad y se busca la verdad y la gloria de Dios, o sea el bien del pueblo, por ejemplo cuando se han aplicado correctivos a un hermano sacerdote, si bien en un primer momento causa un poco de dolor, al final se acaba reconociendo que era buena la intención y que fue medicinal la medida, aunque a veces sea amarga, pero es necesario aplicarla y tomarla, no por molestar, sino con la intención de aliviar.
Para asuntos como éstos se pide sensatez, sabiduría y prudencia, sobre todo anteponer el amor. Tengo la seguridad que en la Diócesis de Zamora, así como en ésta que dejo, en sus principales agentes ha de haber la clara convicción de que estamos llamados a ser santos, no profesionales de tal o cual campo; no a ser gente que busque hacer un paraíso de esta tierra, para pasarla bien; no hay que quedarnos atrapados en la espiral de la inmanencia, sino proyectarnos siempre en trabajos de trascendencia, para la eternidad.
¿Qué podemos esperar de Mons. Javier como Obispo de Zamora?
Zamora puede estar segura de que mi respuesta ha sido y será de fe, porque soy hijo de la obediencia, pero no sólo voy allá porque soy hijo de la Iglesia; también soy humano y como tal he empezado a conocer personas muy gratas y seguramente tendré cariño por la gente. Mis primeros contactos con gente de allá, me han dejado admirado hasta de la forma de expresarse y hablar de las personas de Zamora con las que ya he tenido alguna comunicación. Esto ya va generando la parte del afecto humano que también es necesario para un buen desempeño como pastor.
La Diócesis de Zamora puede esperar, con toda seguridad, que yo tengo muy claro que voy a querer, antes de buscar ser querido; voy a amar, antes de buscar ser amado, porque así lo he vivido siempre; no me preocupa que me quieran, sino querer, porque el querer depende de mí y el que me quieran depende de otros. Voy, pues, a amar a mis hermanos de Zamora, con un amor que se traduzca en obras, porque el lenguaje es bonito pero se vuelve poesía cuando se queda en palabras. Quiero comprometerme; no voy de vacaciones: primero debo emplearme a fondo; no tengo oro ni plata, pero lo que tengo se los ofrezco. Sé que Dios me ha dado alguna capacidad, algún celo apostólico, que pondré al servicio de la Diócesis. Pueden, también, esperar de mí, a un hombre sincero, que dice lo que piensa y siente, claro en el momento y bajo las circunstancias que la prudencia aconseja; no voy a decir un no en lugar de un sí; no voy a decir que algo es negro cuando es blanco. Actuaré según los principios evangélicos y mis valores familiares y personales, algo que aprendí desde muy niño: me enseñaron a no mentir, a no presentar la cara que no es, a no darle mucha importancia a la proyección de la imagen y que no vale la pena desgastarse en algo cuando se descuida lo esencial. Pueden esperar, en fin, a un hombre que será digno de confianza.
¿ Tiene algún temor?
Sí. Temo no llenar el retrato hablado que alguien pudiera elaborar sobre el obispo que necesita Zamora; temo no llenar una expectativa que alguien tenga; temo verme lento en la capacidad de adaptación y búsqueda de caminos pastorales, junto con sacerdotes y principales agentes, pero creo que pueden ser temores naturales de alguien que se sabe hombre y no ángel. Eso sí, no me falta la clarísima convicción de estar llamado a la santidad, una convicción de la que quiero se empapen mis sacerdotes, porque somos maestros de santidad del Pueblo de Dios, conscientes de nuestras deficiencias y expuestos a errores, sí, pero claramente convencidos de que la santidad es el cimiento de cualquier vocación, y más de la nuestra.
Entonces, sí hay temor por las humanas fragilidades, pero creo que la Providencia de Dios hasta ahora me ha tratado muy bien, y no creo que sean tantas mis debilidades que de plano renuncie a ser pastor y guía. El Señor me ha permitido no fallarle en lo que mi vocación exige. Los temores son razonables, desde el dejar un lugar donde se está instalado, porque conozco al clero a esta región, mientras allá me espera un clero que no conozco; la gente me ha aceptado aquí, mientras allá nada he sembrado para que me acepten. Fruto del temor, me pregunto: ¿seré capaz de adaptarme a una nueva realidad, a mis 57 años de edad?, pero Abraham, octogenario, hizo suyos los planes de Dios, dejando de lado los propios; así yo, para lo único que he intervenido es para decir sí, pero la Iglesia de Zamora existe mucho antes que yo; del clero zamorano, a ninguno le he impuesto las manos; la situación de prosperidad pastoral o alguna situación problemática que pueda haber, no ha sido por mediación o responsabilidad mía. Todo lo que pueda haber de bueno o no tanto, lo han hecho otros y yo tengo que llegar a continuar la dinámica de crecimiento de la Diócesis de Zamora, a reconocer con humildad las deficiencias que pueda haber, anteponiendo la caridad fraterna, y ha sembrar amor y aceptación entre mis hermanos. Por encima de mis temores, tengo una enorme confianza en Dios, por eso es grande la esperanza que albergo.
Por cierto, la Patrona de allá es la Virgen de la Esperanza, pues desde que me dieron esta nueva Diócesis, me estoy encomendado a ella; ya de por sí la llevo tatuada en mi corazón, bajo la advocación de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos.
UN MENSAJE A LOS SACERDOTES
Desde luego saludo a mis hermanos presbíteros y me alegra compartir este misterioso llamado del Señor que nos une desde ahora en Zamora. Quiero decirles a los sacerdotes que no ha sido otra mi intención en la eucaristía y oración, que los sacerdotes de Zamora. Soy consciente de que en ustedes encuentra el obispo su principal apoyo; son sus amigos y colaboradores, dignos de confianza. A todos les saludo y les adelanto que quiero ser pastor amigo; no quiero llegar con la actitud de “vengan a mí”, sino que yo iré a donde esté cada uno de ustedes, en una actitud de aceptación de su edad, proyectos, progresos o limitaciones, éxitos y fracasos. Quiero partir de lo que cada uno es para juntos empezar una búsqueda sincera y así ser y hacer lo que Dios quiere.
Saludo, de manera especial, a quienes tienen más edad y están agobiados por los años y la fatiga. Reconozco en ellos a sacerdotes sabios, con la sabiduría que da la vida para ofrecer consejo; son ellos a los que Dios les ha permitido desgastarse por muchos años al servicio del Evangelio. También saludo de manera especial al sacerdote enfermo, en situación que le impide entregarse como quisiera al apostolado y acción pastoral. Le animo a ver en la enfermedad, una maravillosa oportunidad de hacer el bien, desde el lecho, a nuestra Diócesis de Zamora. Le invito a pensar que está siendo sacerdote, aunque en la acción se vea limitado; pueda ser que esté haciendo más que los que nos perdemos en el activismo. Reconozco que los sacerdotes enfermos no son menos sacerdotes que los que andan en pleno vigor.
A los jóvenes sacerdotes los invito a considerar que son la esperanza de una renovación espiritual y evangelizadora en la Diócesis. Los invito a tener confianza en su servidor y a juntos construir otra nueva etapa de la Diócesis, retomando todo lo bueno que ya existe. A los demás sacerdotes les deseo, sobre todo, que sepan apreciarse los unos a los otros y estar en una actitud de mucha apertura para ver y escuchar la realidad que nos interpela, para nunca querer imponer recetas o fórmulas prefabricadas en situaciones personales o de comunidad, y que las diferencias las abordemos con ojos de misericordia y de amor, según la voluntad de Dios que nos confronta con nuestra realidad.
A los Religiosos(as)
Quiero saludar, también, a los consagrados: religiosos y religiosas; asegurarles que como pastor diocesano, valoro mucho el testimonio de la vida consagrada en una diócesis y reconozco que deben vivir a fondo su propio carisma, al tiempo que lo armonizan con su inserción real y comprometida con la vida y la Iglesia diocesana. Fundados en la diócesis o en otro lugar, son diocesanos en el sentido de que están ejerciendo su apostolado y viviendo profundamente su carisma en una iglesia particular. Quiero que ya su obispo, me vean como su hermano, su amigo y el que quiere, conservando lo que el Derecho nos pide, conducir e intervenir por amor en cada una de las instituciones y comunidades religiosas. A quienes son contemplativas(os) les digo que valoro mucho su vida de oración y contemplación; les pido que oren responsablemente por toda la Diócesis, en esta coyuntura especial. Quiera el Señor que mis hermanas y hermanos pongan en su oración a los que no podemos hacerla, por nuestras carencias y deficiencias.
Aprecio mucho a quienes están consagradas(os) en el campo de la caridad, así como a los que tienen el carisma de atender a los huérfanos, ancianos y enfermos, que son los sectores privilegiados de nuestra acción pastoral, los rostros de Cristo que necesitan nuestra exquisita atención y delicadeza. También saludo a las congregaciones comprometidas en la acción pastoral parroquial, en la búsqueda de caminos nuevos para dar gloria a Dios, a fin de que brille la verdad en todos los campos humanos. Saludo a las comunidades religiosas que se dedican a la educación, y también a los laicos consagrados a esa tarea. Les invito a examinar nuestro testimonio y métodos en este momento de tanta agresividad sobre nuestros educandos. Les invito al ejercicio de su profesión educadora con responsabilidad y con clara conciencia de que somos subsidiarios de los padres de familia.
A los Fieles Laicos
A los fieles hermanos laicos les digo que en mí encontrarán un pastor al que podrán acceder sin trámites. Donde esté el Obispo, será la oportunidad de que lo aborden directamente. Si no les puedo conceder el tiempo que requieran, tengan la seguridad de que percibiré su interés, captaré su inquietud y luego canalizaré el asunto debidamente. La gente tiene necesidad y derecho de acercarse directamente al obispo, y manifestarle su impresión, su opinión, su parecer e inquietudes. A todos ellos, un saludo muy cariñoso. Les aseguro que los carismas que tienen y sus ministerios intraeclesiales son una verdadera vocación que reciben de Dios, aunque la confirme el obispo o el párroco. Es importante reconocer y descubrir los potenciales y carismas de los laicos, para fomentarlos e integrarlos en una sola obra, que es la de Dios. Éste es el tiempo del protagonismo laical.
Al Seminario
A los seminaristas los saludo con afecto y esperanza. Desde ahora, mi agradecimiento a los formadores que con la ciencia y testimonio acompañan a los seminaristas, para que se configuren con Cristo Pastor. Yo mismo fui formador del Seminario de Guadalajara y entendí lo difícil y exigente que es esta tarea, porque no se trata sólo de transmitir conocimiento, sino de proyectar un testimonio que anime y estimule al muchacho a tener la convicción de que vale la pena consagrarse al hombre por amor a Cristo. A los seminaristas les reitero, de manera especial, que en su servidor el obispo, también encontrarán un formador al que pueden acercarse en cualquier momento para plantearle sus inquietudes, para pedirle consejo o expresarle alguna opinión.
Yo suelo tener cercanía con los seminaristas hasta el punto de aprenderme su nombre, su lugar de origen y conocer a sus papás, porque conociendo a los papás, se conoce mejor al muchacho, se sabe dónde y cómo viven. Los seminaristas son un sector privilegiadísimo, por eso los invito a pensar que están envueltos en un misterio. La vocación no es algo que se explique atendiendo a elementos sociológicos. Es un llamado misterioso de Dios a dedicarse al servicio del Señor e irse conformando con la imagen del Buen Pastor.
Les invito a que recurran mucho a la oración, porque es ahí donde aprendemos lo que no nos van a dar los libros. Los aliento a la confianza en Dios y en sus formadores; también a tener muy en claro que antes de pretender ser sacerdotes, afiancen muy bien el ser hombres y creyentes. Cuentan desde ahora con mi oración para que sean mejores pastores que nosotros, lo que es una aspiración válida.
Por último, Sr. Obispo, ¿cuándo y cómo será su llegada a la Diócesis de Zamora?
De conformidad con mis compromisos, tanto en la Diócesis como en la CEM, pues voy en la representación mexicana a la V Conferencia Latinoamericana, que se llevará a cabo en Brasil, y teniendo en cuenta el parecer de las autoridades que ahora están conduciendo a la Diócesis de Zamora, tomaré posesión el próximo 25 de julio, día del Apóstol Santiago.
Díganos, mientras tanto ¿quien estará al frente de la Diócesis?
Mientras su servidor no tome posesión de la Diócesis de Zamora, la autoridad plena la sigue teniendo el Administrador Apostólico, el Cardenal Don Juan Sandoval Íñiguez.
MENSAJE, su periódico, agradece mucho su hospitalidad, amabilidad y atenciones. Sacerdotes, religiosos y fieles le esperamos con los brazos abiertos. Gracias, Mons. Javier.
Obispo.
Ha sido un placer P. Rafael. Desde aquí mando mi bendición a todos y me encomiendo a sus oraciones.
Entrevista realizada por el Pbro. Rafael Morales Navarro,
Subdirector del Periodico Mensaje.
Fuente: www.diocesisdezamora.agenciacatolica.com