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Opinion /
El pulso de la fe "Pobreza, castidad y obediencia" |
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 (CAMINEO.INFO)- Imagen de Seminario |
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(CAMINEO.INFO)- Imagen de Seminario | El pulso de la fe "Pobreza, castidad y obediencia"
15-02-2007
José Luis Turiel
(CAMINEO.INFO)- Hoy casi no se comprenden estos tres votos de la vida religiosa y consagrada que configuran una forma de vida que no se entiende y que con dificultad se vive. Sin embargo, muchos opinan sin conocer, sobre lo que implica renunciar a la riqueza, al placer y al poder. Para acercarnos, aunque sea a través de palabras y líneas escritas, a lo que se ha establecido como una forma de vida desde hace mil años, primero es preciso establecer que consiste en asumir un compromiso con Dios; que será expresado más que con palabras, con formas y gestos concretos que permiten seguir a Cristo muy de cerca, otorgar a Dios un gran espacio en la vida y ofrecer a los demás un servicio generoso que no conozca límites ni reservas.
En efecto, con el voto de pobreza se renuncia a poseer cualquier cosa como propia y en su lugar se elige el compartir con todos. Con el voto de castidad se renuncia a tener una familia propia para, en su lugar, tener a Dios y a los demás. Con el voto de obediencia se renuncia a tener proyectos propios para, en su lugar, asumir los proyectos de la Iglesia.
Estos tres votos que resumen la “regla de San Benito” para la vida monástica, o vida en comunidad, son los grandes sustitutos de la forma de vida secular (del siglo) que tiene por objeto alcanzar lo que el mundo, y el siglo en que se vive, ofrecen.
Me parece que sería similar, equitativo y justo, el reclamo que los seglares puedan presentar a los religiosos que no han observado el cumplimiento de la pobreza, de la castidad y de la obediencia; al reclamo que en reciprocidad pudiesen presentar los religiosos a los seglares que no han alcanzado ni riqueza ni poder, que no atienden a sus familias y que han fracasado en la conquista del dinero, del placer y del poder.
Siempre será posible argumentar, y con verdad, que no es lo mismo porque los religiosos así lo han querido hacer y que han establecido un compromiso con Dios, que es mayor; aunque tampoco deja de ser cierto que los seglares también así lo quisimos hacer y que hemos fijado un compromiso con nuestras familias y con los hijos que el mismo Dios nos ha confiado.
Lo anterior no es más que una justa hreflexión a fin de moderar opiniones y juicios y para recordar que tiene más posibilidades de arrojar piedras quien se encuentra libre de culpa. Pero a su vez es una especie de reconocimiento para los frailes y monjas, sacerdotes y religiosas que, en el silencio de sus vidas y en el encierro de sus monasterios y conventos viven una vida de sigilo en diálogo con Dios orando y pidiendo por el mundo que se agita fuera de sus muros. Es también un reconocimiento para los esposos, padres y madres que, en la observancia de su vida familiar bajo el techo de sus hogares y en el cumplimiento de sus trabajos y afanes, saben cumplir calladamente cuando llevan el sustento para sus hijos y les educan con el ejemplo de la fidelidad.
Así como hay monjas que no tienen en la vida más que el hábito que visten y el rosario que les cuelga a la cintura y que sólo comen carne en los días de fiesta; hay papás que sostienen a sus hijos con el sueldo mínimo que se merma por el gasto en transporte para ir al trabajo y que apenas comen un taco para llevar a sus casas algo más.
Ni los unos ni los otros alcanzan el éxito en un mundo cada vez más exigente en la presentación de modelos de vida que triunfan cuando alcanzan la riqueza, obtienen el placer o conquistan el poder. No triunfan en esa propuesta de vida pero en cambio son los grandes héroes del callado silencio que trae la paz, el que no conoce títulos honoríficos ni obtiene preseas ni recibe honores de un mundo que de todas formas es ingrato, porque la riqueza, el placer y el poder son, las más de las veces, inalcanzables.
El papá y la mamá que optan por la pobreza personal, entregan a sus hijos la riqueza de un hogar. Los esposos que eligen la castidad cuando rechazan la infidelidad, se entregan mutuamente un amor que no conoce final, y la familia que opta por la obediencia mutua crece en medio de una armonía cotidiana que les trae respeto y concordia.
Tan incomprendidos pero tan útiles son todavía hoy estos tres votos de Pobreza, Obediencia y Castidad.
Roberto O’Farrill Corona.- CEM
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Documento sin título
| felisitar. - Thu, 15 Feb 2007 21:44:10 |
| que DIOS les bendiga y q la paz del SEÑOR los envuelva a todos |
| oscar |
| oacastillopujols1123@hotmail.com |
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