(CAMINEO.INFO) - Cada año, al celebrar la fiesta del Corpus honramos el Misterio del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, también de manera pública y solemne a través de las procesiones y de las alfombras florales. También en este día se celebra el día de l’amor fraterno, el día de la caridad.
De acuerdo con el lema de la campaña institucional de Càritas –Los Derechos Humanos son universales, las oportunidades lo deberán ser– constatamos que no todas las personas tienen las mismas oportunidades, que muchos de los que viven entre nosotros están necesitados hasta de las cosas más básicas; por eso, las diferentes Càritas de la Diócesis despliegan proyectos y actividades, intentando un riguroso equilibrio entre la competencia profesional y la relación fraternal, propio de las instituciones caritativas de la Iglesia.
La acción caritativa y social de la Iglesia se hace presente de muchas maneras. Entre ellas destaca la gran familia de Càritas de nuestro Arzobispado, formada por la comunión de los 993 voluntarios y voluntarias que, al frente de las comunidades parroquiales, trabajan con una única finalidad: el hermano. Este sentido de “tener cuidado de” me ha recordado las palabras que pronunció el Santo Padre Benedicto XVI en su reciente visita a la Universidad de Pavía: “La Iglesia no es una sencilla organización de manifestaciones colectivas ni, al contrario, la suma de individuos que viven una religiosidad privada. La Iglesia es una comunidad de personas que creen en el Dios de Jesucristo y se empeñan en vivir en el mundo el mandato de la caridad que Él nos dejó”.
El Misterio eucarístico tiene fuertes implicaciones sociales. El Santo Padre se ha referido a ello en la reciente Sacramentum caritatis, que hace referencias constantes a otro gran documento de Benedicto XVI, “Deus caritas est”. En efecto, como dice en ésta última “la unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los cuales él se entrega. No puedo tener Cristo sólo para mí; únicamente puedo pertenecerle en unión con todos los que son suyos o lo serán”.
La Eucaristía es un sacramento en el que comulgamos el Cuerpo de Cristo. Él ha hecho de todos un solo pueblo, ha hecho caer los muros que nos separaban. Por lo tanto, la Eucaristía –el sacramento en el que el mismo Cristo se hace presente– es también un sacramento de comunión entre hermanos que aceptan reconciliarse en Él. Si queremos comulgar dignamente el Cuerpo de Cristo, si queremos que de verdad la presencia de Jesús en nosotros sea una realidad, nos hace falta buscar la reconciliación con los demás. La Eucaristía, por la fuerza de la gracia de Dios, transforma en vida lo que ella significa en la celebración. Así, el cristiano se capaz de esforzarse por la restauración de la justicia, la reconciliación y el perdón, indispensables para conseguir las condiciones de una paz verdadera. Y todo esto de manera concreta, en la vida de cada día, que es dónde de verdad podemos hacer el bien, dónde podemos ir cambiando la sociedad, de manera lenta pero eficaz.
¡Ojalá que nunca nos malacostumbremos a recibir a Jesús! Que la facilidad que tenemos por acercarnos al sacramento eucarístico nos espolee a prepararnos muy bien por recibir al mismo Dios, y a crecer en el amor de unos hacia otros.
+ Jaume Pujol Balcells,
Arzobispo Metropolitano de Tarragona y primado