(CAMINEO.INFO) - La solemnidad del Corpus Christi es, ante todo, un «día de la Eucaristía». La fe católica nos asegura que Jesucristo -verdadero Dios y verdadero hombre-, no sólo se hace presente durante la celebración de la Misa, sino que sigue presente después que ésta termina y se hace la Reserva en el Sagrario, mientras no se corrompan o destruyan las especies de pan y vino. Gracias a ella, los moribundos, los enfermos y los que no pueden participar en la Misa, pueden recibir la Sagrada Comunión. Esta praxis es tan antigua, que en la época de los mártires –durante las persecuciones del Imperio Romano-, se guardaban las sagradas especies para llevárselas a los cristianos encarcelados o que iban a sufrir el martirio.
Con el paso de los siglos, dicha costumbre no sólo pervivió, sino que floreció en Occidente en una gran pluralidad de manifestaciones piadosas. Algunas tuvieron mucho éxito y difusión. Por ejemplo, la Exposición sobre la custodia y las procesiones eucarísticas. Entre estas últimas, la del Corpus Christi fue, sin duda, la más importante. El Papa Benedicto XVI, en la reciente exhortación “Sacramento de caridad” ha querido recordar la vigencia y actualidad de estas devociones, especialmente la Procesión del Corpus Christi. Más aún, recomienda encarecidamente que se promuevan y solemnicen.
Pero este documento nos da una clave para que no nos escoremos hacia los extremos. Según el Papa, es preciso unir estos tres elementos: la fe que profesamos, la Eucaristía que celebramos y la caridad que vivimos. Porque fe, culto y vida eucarísticos son inseparables. No podemos celebrar la Eucaristía sin fe en ella. Pero tampoco sería legítima dicha celebración, si no se reflejara en la vida. Porque no se puede decir que se celebra y participa un misterio en el que Cristo mismo nos entrega por amor su misma Persona y luego no amar a los demás. Especialmente, a los más necesitados.
Por este motivo, el día del Corpus se celebra en España también como “Día de la Caridad”. De este modo, el binomio eucaristía-caridad queda indisolublemente unido: ni Eucaristía sin caridad ni mera filantropía secular. Por motivos pedagógicos y pastorales, cada «Día de la Caridad» lleva un lema orientador y dinamizador. El de este año es: “Los derechos humanos son universales, las oportunidades deberían serlo”.
Se trata de crear conciencia respecto a la igual e inviolable dignidad de todas las personas, puesto que todas hemos sido creadas a imagen de Dios. Sin embargo, la experiencia demuestra que en no pocas ocasiones ni siquiera se respetan derechos tan elementales como el de la educación.
Por este motivo, se nos invita este año a poner el acento del «Día de la caridad» en la educación integral, como remedio eficaz para que cada persona logre objetivos tan importantes como saber, saber hacer, saber estar y, en definitiva, saber ser.
«Saber» es una tarea humanizadora, porque la información capacita para el desarrollo de la persona humana. «Saber hacer» es estar capacitado para resolver los problemas concretos y necesidades diarias que se le plantean a la persona. «Saber estar» es tener el sentido de la complejidad de la realidad y la paciencia necesaria para aceptar la lentitud inevitable con que avanza nuestra personal trasformación y la de la sociedad. «Saber ser» consiste en vivir el momento presente desde la coherencia, la sencillez y el amor, sabiendo de dónde venimos y a dónde vamos.
El «Día del Corpus-Día de la Caridad» es, este año, una fiesta entusiasmante.
† Francisco Gil Hellín
Arzobispo de Burgos