11-06-2007

 

Video del Encuentro de los iniciadores del Camino Neocatecumenal con las comunidades de la zona Nord-este de España, en la sección VIDEOTECA

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(CAMINEO.INFO) - Cardenal Antonio Mª Rouco Varela Arzobispo de Madrid
(CAMINEO.INFO) - Cardenal Antonio Mª Rouco Varela Arzobispo de Madrid

Carta Pastoral del Cardenal-Arzobispo de Madrid para la Jornada "Madrid con sus misioneros '2007"


03-06-2007

José Luis Turiel

(CAMINEO.INFO) - "Iglesia diocesana... sal de tu tierra"

Mis queridos diocesanos:

Centrados en el Misterio Trinitario, el Misterio por excelencia, que se nos ha manifestado en Jesucristo, el Misterio de Dios, Uno y Trino, que ilumina y llena de sentido el misterio del hombre y del universo entero, nos disponemos a celebrar, como ya es tradición, la Jornada "Madrid con sus misioneros", el próximo domingo 3 de junio, solemnidad de la Santísima Trinidad.

Permitidme comenzar con una rendida y honda acción de gracias al Señor por toda una serie de acontecimientos de gracia con los que ha bendecido, sin duda, a nuestra Iglesia diocesana. Y, en primer lugar, he de destacar el don inestimable para la archidiócesis de Madrid, y aun para toda la Iglesia -como lo ha hecho constar nuestro Santo Padre Benedicto XVI-, de la vida, la enfermedad y la muerte del que ha sido nuestro querido Obispo Auxiliar, Monseñor Eugenio Romero Pose, a quien el Padre ha querido llamar a su Casa, a los 58 años de edad y tras diez fecundos años de ministerio episcopal. El testimonio de su entrega fiel y total, que me atrevería a calificar de martirial tras la dureza de su prolongada dolencia, vivida en todo momento, hasta el final, como una bendición de lo Alto, es sin duda un precioso tesoro que nos ha dejado como herencia, especialmente a la hora de vivir esa dimensión esencial de la Iglesia que es la tarea misionera. Uno de los campos pastorales confiados a Don Eugenio era, precisamente, este de la acción misionera, que integra el Consejo Diocesano de Misiones, y he decir que se entregó a servirlo con todo el amor de Dios que rebosaba su corazón. Su recuerdo aquí, en esta Jornada de nuestros misioneros madrileños, resulta, pues, obligado, y muy gozoso lo traigo a la memoria de todos.

Con este mismo espíritu misionero hemos vivido, este último año, de modo muy especial la "Misión Joven", desarrollada conjuntamente en las tres diócesis de nuestra Provincia Eclesiástica, Madrid, Alcalá de Henares y Getafe, desde las respectivas Delegaciones diocesanas de Infancia y Juventud. Esta hermosa iniciativa, ardua, sin duda, y valiente, ha hecho posible que los corazones de millares de jóvenes, de adolescentes, e incluso de niños, se hayan abierto a la gran misión de la Iglesia: llevar la salvación de Jesucristo, según el mandato que Él mismo nos dejó al subir a los cielos, a todos los hombres, desde el entorno más cercano hasta los últimos confines de la tierra, de modo que el signo inequívoco de la fecundidad de la nueva evangelización en Madrid son nuestros misioneros, enviados a lo largo y ancho del mundo. La Iglesia en Madrid vive con gozo este don de Dios que es la "Misión Joven", cuya vitalidad no puede detenerse, ya que surge del centro mismo del ser de la Iglesia, como subraya el propio lema de nuestra Jornada diocesana misionera de este año: "Sal de tu tierra".

"Sal de tu tierra" es el imperativo apremiante que Yahvé dirige a Abraham: "Sal de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre hacia la tierra que te mostraré" (Gn 12, 1). En el paso -de la primitiva Alianza a la definitiva y eterna, la llamada de Dios adquiere su resonancia más plena en el "Id por todo el mundo" con que comienza el mandato misionero (cf. Mc 16, 15) de Jesús a sus apóstoles y, en ellos, a toda su Iglesia, enclave de expansión de la Buena Noticia de la salvación que Él ha conquistado, para la Humanidad entera, con su muerte y resurrección. Nuestros misioneros y misioneras han respondido de la manera más radical, y su precioso testimonio es aliento y estímulo para que toda la comunidad diocesana de Madrid se haga cada día más y más misionera, saliendo de sí misma con la fuerza renovada del amor, que abraza a todos los hombres. Justamente, el "mandato misionero" de llevar a Cristo a todo el mundo no es otro que su "mandato nuevo del amor", revelación maravillosa del misterio de Dios, y asimismo del misterio del hombre, creado a su imagen. Retornamos, pues, la mirada al Misterio por excelencia que celebramos en este Domingo de la Santísima Trinidad.

"Ves la Trinidad si ves el amor", escribió san Agustín y lo recoge Benedicto XVI en su encíclica "Deis caritas ese", en la que, de un modo bellísimo, expresa el Misterio fijando la mirada en Cristo crucificado, y reconociendo así "el designio del Padre que, movido por el amor, ha enviado el Hijo unigénito al mundo para redimir al hombre. Al morir en la cruz -continúa el Papa-, Jesús 'entregó el espíritu', preludio del don del Espíritu Santo que otorgaría después de su resurrección" (n.19). De este envío amoroso del Hijo y de la entrega del Espíritu de amor surge la "salida" al mundo entero de la Iglesia, siendo así, toda ella, misionera, haciéndose realidad visible, en forma particularmente cualificada, a través de sus misioneros y misioneras, que merecen, por parte de cuantos componemos el cuerpo eclesial, el más cálido homenaje, tanto más cuanto menos lo buscan ellos, que en el servicio de su Señor tienen ya cumplida paga. Por ello, el homenaje de esta Jornada misionera ha de ser, ante todo, el de nuestra oración por ellos y por el fruto de sus trabajos, y en comunión de amor también el de la ayuda económica para las tareas de la evangelización y las obras sociales que nacen de ella.

Termino poniendo la Jornada "Madrid con sus misioneros" de este año 2007 en manos de María, Reina de las Misiones, bajo la advocación, que la hace tan especialmente nuestra, de la Almudena, para que bajo su intercesión de Madre se multipliquen sus frutos, en especial el de numerosas nuevas vocaciones misioneras para "salir al mundo entero" surgidas entre nuestros jóvenes y nuestros niños. Será el signo más inequívoco de la vitalidad de nuestra Iglesia diocesana.

Con mi afecto y bendición para todos.



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