(CAMINEO.INFO) - Antes, nacer en Burgos, y en España en general, era sinónimo de “nacer como cristiano”. Porque cristiana era la familia y cristiano era el ambiente social en que la vida se desenvolvía.
Hoy las cosas ya no son así. Hay, ciertamente, muchas familias que educan cristianamente a sus hijos. Pero hay muchos datos que avalan que “ya no se nace” cristiano. Baste recordar algunos. En Burgos hay padres que ya no bautizan a sus hijos o lo retrasan durante años. Muchos cristianos participan en la misa de los domingos muy de tarde en tarde y no se sienten vinculados con la parroquia. Aumenta el número de los que no se atreven a presentarse como cristianos, especialmente como cristianos practicantes, entre sus amigos y compañeros de trabajo.
Y, lo que es más grave, abundan los que disocian la fe que profesan de su vida familiar, profesional y social. Por ejemplo, hoy día de elecciones, ¿cuántos se habrán preguntado quién es el político que respeta mejor su dignidad de persona humana y su libertad para profesar sus creencias, y presenta una defensa más firme de la vida y de la justicia?
Todo esto nos lleva a una conclusión, sencilla pero comprometida: ya no basta nacer en una geografía tradicionalmente católica ni haber recibido de niños una herencia cristiana, más o menos importante. Hoy el Señor nos invita a renovar nuestra vocación de discípulos suyos y nuestra responsabilidad de cristianos. Nos llama también a perder el miedo y lanzarnos a un anuncio claro y gozoso de nuestra fe. Como consecuencia,, nos urge a buscar nuevos métodos y nuevos caminos. Si seguimos haciendo lo de siempre y nos despreocupamos de evangelizar a los que se han alejado de la Iglesia, estaremos proclamando que necesitamos un cambio importante en nuestros criterios y en nuestros comportamientos.
No vale que nos refugiemos en el cómodo y descomprometido “hoy es muy difícil ser cristiano”. Nadie va a negar que hay dificultades objetivas. Pero no nos engañemos: “el mayor problema para el anuncio del Evangelio radica en nosotros mismos”, señala el Mensaje de los Obispos para el Día del Apostolado Seglar, que se celebra hoy.
No es necesario hacer grandes cosas o inventar grandes y sofisticados métodos misioneros y apostólicos. Todo eso puede ser conveniente e incluso necesario. Pero hay algo anterior y más radical: el encuentro personal con Jesucristo. El Papa Benedicto XVI lo ha señalado con toda claridad, en su encíclica “Dios es amor”: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o por una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da nuevo horizonte a la vida y, con ella, una orientación decisiva”. Esa Persona es Jesucristo.
El encuentro con Jesucristo se da, sobre todo, en la participación en la Misa del domingo, en el sacramento de la Penitencia, en la escucha y lectura de la Biblia, en la oración y en la meditación. Luego, en el prójimo, en general y, especialmente, en el necesitado. Y, sin solución de continuidad, en la vida corriente de trabajo, de familia, de relación, de compromiso social. Ahí y desde ahí puede y debe el cristiano realizar una honda y extensa tarea de evangelización y trasformación social.
Hoy, Día del Apostolado Seglar, la Iglesia nos dirige una invitación maternal a recuperar el santo orgullo de ser cristianos. Y nos urge a descubrir la dimensión esencialmente misionera y apostólica de nuestro Bautismo. Aunque sea silencioso, no por ello deja de ser real angustioso el grito que nos dirigen tantos hombres y mujeres contemporáneos nuestros, que están buscando alguien que les dé razones para vivir y para morir. No podemos defraudarlos.
Mons. Francisco Gil Hellín,
Arzobispo de Burgos