(CAMINEO.INFO) - Por segunda vez consecutiva fueron invitados al Congreso Argentino de Psiquiatría (el vigésimo tercero que se celebra en el país) representantes de distintos credos que abordaron la temática principal desde la perspectiva de la espiritualidad y el diálogo interreligioso
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Hubo 4.500 psiquiatras y psicólogos inscriptos y participantes en los distintos momentos del Congreso. Fueron ponentes en el tema de la espiritualidad con relación a la resiliencia: Mons. Oscar D. Sarlinga, Obispo de Zárate-Campana; el Rabino Dario Feiguin (de la comunidad Amijai), el Sr. Omar Abboud (Representante por el Islam, el Lic. Abel Guillermo Di Gilio (Pastor evangélico) y el Pastor Dr. Granados, de la confesión luterana.
Mons. Sarlinga participó el evento el día 19 de abril, y abrió la mesa redonda con su ponencia sobre «resiliencia y espiritualidad», para lo cual dio una explicación primero etimológica de la palabra, de su uso en la psicología y de su relación con la conciencia y la moral, en especial con la virtud cardinal de la fortaleza, para lo cual citó a Santo Tomás de Aquino, en la Suma Teológica y a los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI.
Al mismo tiempo, destacó que la resiliencia en tanto aspecto de la fortaleza, dota a la persona con una fuerza de resistencia y de transformación para el bien, manifestando así un potencial humano activado que logra muy buenos resultados a pesar de la opresión de los males que pueden afligirnos y del riesgo corrido, un potencial –acotó- que supera el paralizante miedo, un potencial transformador que habla de una fortaleza que puede convertir el trauma y aun el drama en oportunidad de crecimiento y mejoría.
Desde ese punto de vista, aclaró, “no podríamos confundir resiliencia con la resignación pasiva, o bien con la mera resistencia como mecanismo de defensa, o la pura evasión (que incluso podría constituir, al menos en algunos casos, una manifestación de cobardía o de escapismo), y menos todavía con las conductas antisociales delictivas, pretendidamente auto-compensatorias”.
Dijo también que la moral no debe ser confundida con la psicología, y viceversa tampoco. “Así, justo es decirlo -añadió-, las ciencias psicológicas –que son en sí muy importantes- no llegan del todo –por sí mismas- a las profundidades más recónditas del espíritu, a ese ámbito que la Biblia denomina «el corazón» («Lev», en hebreo)”. Expresó también que, “lejos de significar una actitud masoquista de la naturaleza que fuere, la dimensión de la Cruz constituye una actitud profunda y espiritualmente transformadora de la inevitable realidad humana del sufrimiento.
Precisamente, como dice el Apóstol Pablo: “(…) nosotros predicamos a un Cristo crucificado (…) un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (Cf 1Cor 1, 23-24). Refiriéndose a la relación de la persona con el miedo, dijo que cuando éste “logra vencernos, siempre nos paraliza, arruina posibilidades maravillosas, nos quita el coraje de afrontar situaciones nuevas. Tenemos necesidad de una valentía especial para querer hacer el bien, para comprometernos con la justicia y la paz, a fin de dar testimonio –como creyentes- del Reino de Dios. Y quienes no sean creyentes tendrán también valores humanos a los cuales asumir como una causa”.
Exaltó también el Obispo la práctica de la virtud de la fortaleza, con la ayuda de la Gracia, que “ha de llevarnos a «superar» en cierta manera, nuestros propios límites y «superarnos» a nosotros mismos, asumiendo los riesgos de encontrarnos en situaciones en las que no sabremos bien cuál será la solución correcta, o en ocasiones de ser mal vistos, criticados, como dije, con riesgo de exponernos a consecuencias desagradables. Para alcanzar tal fortaleza, el hombre resiliente debe estar sostenido por un gran amor a la verdad y al bien a que se entrega”, concluyó.
Ponencia de Monseñor OSCAR D. SARLINGA