 (CAMINEO.INFO)- Mons. Jesús Catalá Ibáñez
Obispo de Alcalá de Henares |
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(CAMINEO.INFO)- Mons. Jesús Catalá Ibáñez
Obispo de Alcalá de Henares | Eucaristía con miembros de la fraternidad de comunión y liberación
27-03-2007
José Luis Turiel
(CAMINEO.INFO)- 1. En Cesarea de Filipo Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?" (Mt 16, 13). Y ellos refirieron lo que habían oído: "Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas" (Mt 16, 14). En comunión con el Sucesor de Pedro
Pero el Maestro deseaba conocer su actitud personal y no lo que habían oído; quería arrancar una confesión de fe de su corazón: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» (Mt 16, 15). Con el entusiasmo que le caracterizaba, Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16).
Esta confesión de fe no es fruto de una hreflexión razonada y lógica de la mente de Pedro; ni es producto del trato amistoso de Pedro con Jesús; ni es conclusión de los milagros que el pescador de Galilea ha presenciado, porque otros también presenciaron milagros y no creyeron; ni es halago amistoso del discípulo a su Maestro. Esta confesión de fe de Pedro es fruto de la revelación de Dios-Padre al hombre: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (Mt 16, 17).
2. A veces pretendemos arrancar de nuestros amigos y de nuestros contemporáneos, con buena intención, una confesión de fe en Jesucristo, como Hijo de Dios, basándonos en nuestra experiencia. Como nosotros lo vemos tan claro, parece que los demás también deberían verlo así.
Pero la experiencia de fe no es transferible de un ser humano a otro. La fe no es tampoco el fruto de haber convencido al interlocutor, ni la conclusión lógica de un razonamiento bien expuesto; éstas pueden ser tentaciones que nos vienen, sobre todo a quienes viven en ambientes universitarios. La fe es un don de Dios, que debe ser acogido con humildad y confianza por cada hombre.
Nuestra sociedad está lejos de percibir el significado original de la palabra «fe»; la gente confunde la fe con cosas que no tienen que ver nada con ella. Para San Pablo, la fe que salva y justifica a los pecadores, conferida por el Espíritu Santo, es la fe en Jesucristo, en su misterio pascual de muerte y resurrección (cf. Gal 3,2). También para San Juan la fe "que vence al mundo" es la fe en Jesucristo: «¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?» (1 Jn 5,4-5).
Nuestra respuesta debería ser un acto de fe, como la del apóstol Tomás: «Señor mío y Dios mío» (Jn 20, 28). Este acto de fe podría animar a nuestros contemporáneos a profesar la misma fe, como la profesión de Pedro animaría a los demás discípulos.
3. La Iglesia celebra hoy la fiesta litúrgica de la Cátedra del Apóstol San Pedro. Sólo cuando Simón Pedro ha hecho confesión pública de la fe en Jesucristo, es entonces cuando se le encomienda su misión: «Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella» (Mt 16, 18).
El Padre-Dios le ha revelado a Simón la identidad de Jesús; ahora el Maestro le desvela a su discípulo la misión que le tenía preparada. El Señor Jesús confía a su Iglesia el poder de atar y desatar, concretándolo en la persona y en la misión de Pedro: «A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos» (Mt 16, 19).
Desde entonces y a lo largo de toda la historia, el ministerio petrino, fundamental en la Iglesia, es ejercido por todos los sucesores de Pedro.
Hoy encarna esa misión el Papa Benedicto XVI, a quien amamos filialmente y a quien fielmente obedecemos. Si queremos vivir la verdadera fe, hemos de estar en plena comunión con el Sucesor de Pedro. La comunión con el propio obispo y la de éste con el colegio episcopal y con el Sucesor de Pedro aseguran la fidelidad en la fe y en la misión eclesial. La falta de comunión lleva, normalmente, a la separación, a la herejía y a la no fidelidad en la fe; puede llevar también al rechazo de la misión que el Señor nos encomienda y a la asunción de los propios objetivos, personales o grupales, incluso de movimientos eclesiales.
4. Don Giussani, cuyo segundo aniversario de muerte celebramos, Fundador del Movimiento "Comunión y Liberación", a quien tuve la oportunidad de conocer personalmente, vivió la comunión eclesial y nos dio ejemplo durante su vida terrena de una veneración filial al Santo Padre. He podido presenciar con qué cariño saludaba siempre al Papa Juan Pablo II; en este sentido, son expresivas las fotografías en las que lo vemos arrodillado ante el Sucesor de Pedro y besando el Anillo del Pescador. Don Giussani vivó el amor a Cristo y a la Iglesia, en fidelidad al Santo Padre y a los obispos que rigieron la Archidiócesis de Milán, donde él ejercía el ministerio sacerdotal.
Como ha dicho el actual Presidente de la Fraternidad de "Comunión y Liberación", Don Julián Carrón, en la invitación cursada a los miembros del Movimiento, para asistir al próximo encuentro con el Papa, en Roma: «Todos somos muy conscientes de la importancia de la figura del Sucesor de Pedro para la vida de la Iglesia. Él es el punto de referencia inquebrantable de nuestra fe, sin el cual ésta decaería en una de las muchas variantes ideológicas que dominan el mundo». Animando a una devoción filial hacia el Santo Padre, dice: «Nuestro gesto quiere ser un reconocimiento de lo que el Papa representa para nuestra vida y una expresión de nuestro deseo de seguirle».
5. En esta celebración damos gracias a Dios por el XXV Aniversario del reconocimiento pontificio de la Fraternidad de Comunión y Liberación. Veinticinco años de historia son una buena razón para dar gracias a Dios.
Deseo exhortaros con las mismas palabras que el Papa Juan Pablo II dirigió a los miembros de la Fraternidad, con ocasión de la audiencia por el trigésimo aniversario del movimiento, en 1984: "Id a todo el mundo a llevar la verdad, la belleza y la paz que se encuentran en Cristo Redentor".
Como sabéis, "Don Giussani creció en una casa pobre en pan, pero rica en música. Así, desde el inicio, se sintió tocado, más aún, herido por el deseo de la belleza; no se contentaba con una belleza cualquiera, con una belleza trivial. Buscaba la Belleza misma, la Belleza infinita. Así encontró a Cristo, y en Cristo la verdadera belleza, el camino de la vida, la auténtica alegría" (J.Ratzinger, Homilía en el funeral de Mons. Luigi Giussani, Catedral de Milán, 24.II.2005).
Quiero animaros a que vayáis tras la Belleza infinita; que la descubráis; que la gocéis y que la propaguéis. ¡Que seáis testigos de esa Belleza. ¡Que así sea!
(Palacio Episcopal, 22 Febrero 2007)
Mons. Jesús Catalá Ibáñez Obispo de Alcalá de Henares
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