(CAMINEO.INFO)- CIUDAD DEL VATICANO- Pentecostés, la solemnidad donde "la
liturgia nos hace revivir el nacimiento de la Iglesia", fue el tema de la
meditación que precedió al Regina Coeli de Benedicto XVI, rezado con miles
de peregrinos en la Plaza de San Pedro.
"Podemos decir -observó el Papa-
que la Iglesia inició solemnemente con la venida del Espíritu Santo. En
este evento extraordinario, vemos ya las características esenciales y
calificadoras de la Iglesia: (...) Una, como la comunidad de Pentecostés,
que estaba unida en la oración y "concorde": tenía "un solo corazón y una
sola alma"; (...) Santa, no por sus méritos, sino porque, animada por el
Espíritu Santo, mira fijamente a Cristo, para conformarse a Él y a su
amor. (...) Católica, porque el Evangelio está destinado a todos los
pueblos y por eso ya desde el inicio, el Espíritu Santo hace que hable
todas las lenguas. (...) Apostólica, porque cimentada en los apóstoles,
custodia fielmente su enseñanza a través de la cadena de la sucesión
apostólica".
Benedicto XVI explicó que "la
Iglesia, es además, misionera, por su propia naturaleza y desde el día de
Pentecostés el Espíritu Santo la impulsa (...) hasta los últimos confines
de la tierra y hasta el final de los tiempos".
"Este hecho que constatamos en cualquier
época -dijo el Santo Padre-, lo anticipan (...) los Hechos de los
Apóstoles, describiendo el paso del Evangelio de los judíos a los paganos,
de Jerusalén a Roma. Roma indica el mundo de los paganos y por extensión
todos los pueblos excluidos del antiguo pueblo de
Dios".
"Los Hechos de los Apóstoles
acaban con la llegada del Evangelio a Roma -concluyó el Papa-. Se puede
decir así que Roma es el nombre concreto de la catolicidad y la misión,
expresa la fidelidad a los orígenes, a la Iglesia de todos los tiempos,
(...) que habla todas las lenguas y
sale al encuentro de todas las culturas".
Fuente: VIS