(CAMINEO.INFO)- CIUDAD DEL VATICANO- El Santo Padre se encontró este mediodía
en el Aula del Sínodo, en el Vaticano, con los participantes en la 57
Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana, que se
celebra esta semana.
El Papa dijo que los encuentros
que había mantenido con los obispos durante la visita "ad limina"
realizada en los meses pasados, le habían confirmado "la certeza de que
"en Italia la fe es viva y está profundamente enraizada y que la Iglesia
es una realidad de pueblo, muy cercana a las personas y a las familias.
(...) La fe católica y la presencia de la Iglesia siguen siendo el gran
factor unificador de esta amada Nación y una preciosa reserva de energías
morales para su futuro".
Además de las realidades
positivas, existen dificultades e insidias "que pueden crecer con el paso
del tiempo y de las generaciones", dijo. En este contexto subrayó el "peso
de una cultura marcada por el relativismo moral, pobre de certezas y rica
de reivindicaciones a menudo injustificadas. También advertimos -continuó-
la necesidad de un robustecimiento de la formación cristiana mediante una
catequesis más sustanciosa, para la que el Compendio del Catecismo de la
Iglesia Católica puede hacer un gran servicio".
Benedicto XVI señaló que "también
es necesario el compromiso constante por poner a Dios cada vez más en el
centro de la vida y de nuestras comunidades, de modo que ocupe el primer
lugar la oración, la amistad personal con Jesús, y por tanto, la llamada a
la santidad. En particular, hay que cuidar mucho las vocaciones al
sacerdocio y a la vida consagrada".
Tras recordar el tema de la
asamblea general: "Jesucristo, único Salvador del mundo: la Iglesia en
misión, ad gentes y entre nosotros", el Papa afirmó que estaba relacionado
con los objetivos del Congreso Eclesial de Verona, que tuvo lugar en
octubre de 2006.
"Se trata -aseguró el Santo Padre-
de anunciar y testimoniar al mismo Jesucristo, tanto a los pueblos que se
están abriendo a la fe por primera vez, como a los hijos de aquellos
pueblos que ahora vienen a vivir y a trabajar en Italia, y a nuestra
gente, que a veces se ha alejado de la fe y está sometida a la presión de
aquellas tendencias secularizadoras que quieren dominar la sociedad y la
cultura en este país".
"También hoy, como ha reafirmado
la declaración "Dominus Iesus", debemos ser plenamente conscientes de que
del misterio de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, vivo y
presente en la Iglesia, brotan la unicidad y la universalidad salvadoras
de la revelación cristiana y por tanto el deber irrenunciable de anunciar
a todos (...) a Jesucristo mismo".
"La estima y el respeto hacia las
otras religiones y culturas, con las semillas de verdad y bondad que
contienen (...) son especialmente necesarias en nuestra época", dijo el
Santo Padre. "Sin embargo, no puede disminuir la conciencia de la
originalidad, la plenitud y la unicidad de la revelación del verdadero
Dios que se nos ha dado definitivamente en Cristo y tampoco puede
atenuarse o debilitarse la vocación misionera de la
Iglesia".
Refiriéndose posteriormente a la
"precisa responsabilidad" de los obispos, no solo con las iglesias que se
les han confiado, sino con toda la nación, Benedicto XVI afirmó que "con
pleno y cordial respeto de la distinción entre Iglesia y política, entre
lo que es de César y lo que es de Dios, no podemos dejar de preocuparnos
por aquello que es bueno para el ser humano", y "en concreto del bien
común de Italia". En este sentido, el Papa citó "la Nota aprobada por el
Consejo Episcopal Permanente sobre la familia fundada en el matrimonio y
sobre las iniciativas legislativas acerca de las uniones de hecho,
moviéndoos -dijo- en plena consonancia con la enseñanza de la Sede
Apostólica".
La reciente manifestación
organizada en Roma en favor de la familia "por iniciativa del laicado
católico, pero compartida también por muchos no católicos", observó el
Santo Padre, "ha contribuido a hacer que todos vean el significado y el
papel de la familia en la sociedad (...) frente a una cultura que se
engaña pensando que favorece la felicidad de las personas insistiendo
unilateralmente en la libertad del individuo".
Hablando del "servicio diario a
las muchas pobrezas, antiguas y nuevas, visibles o escondidas", el Papa
elogió la labor de Caritas y de las organizaciones de voluntariado e
invitó a los obispos a "promover este servicio para que (...) todos puedan
ver que no hay separación alguna entre la Iglesia que custodia la ley
moral y la Iglesia que alienta a los fieles a hacerse buenos samaritanos,
reconociendo en cada persona que sufre a su
prójimo".
Por último, Benedicto XVI recordó
las iniciativas pastorales encaminadas a preparar la próxima Jornada
Mundial de la Juventud en Sydney 2008. "Sabemos muy bien -dijo- que la
formación cristiana de las nuevas generaciones es quizá la tarea más
difícil, pero sumamente importante, a la que se enfrenta la
Iglesia".
Fuente: VIS