(CAMINEO.INFO)- Las diócesis catalanas no son las únicas de España que presentan un retroceso muy notable del catolicismo, pero sí es uno de los lugares donde se nota más este hecho sin -y esto es lo más preocupante- que se vea un tipo de respuesta cualitativa y cuantitativamente proporcionada a la naturaleza del reto.
Las diócesis catalanas no son las únicas de España que presentan un retroceso muy notable del catolicismo, pero sí es uno de los lugares donde se nota más este hecho sin –y esto es lo más preocupante- que se vea un tipo de respuesta cualitativa y cuantitativamente proporcionada a la naturaleza del reto.
Nada parecido a lo que viene acaeciendo, por ejemplo, en una diócesis tan secularizada como París, donde a una búsqueda permanente de la calidad de la vida religiosa, se le añade la voluntad de evangelizar desde la propia calle.
Digámoslo con claridad, Cataluña es hoy más tierra de misión que toda América latina, para situar una referencia. Esta necesidad de evangelizar a la que llamaba Juan Pablo II a todos los europeos podría extenderse a toda España, pero ciñámonos al caso que nos ocupa.
La serie de encuestas que sobre capital social, comportamientos electorales y sistema de valores que viene realizando el Instituto de Estudios del Capital Social (INCAS) de la Universidad Abat Oliba CEU, ya anuncia con claridad desde hace tres años este declive. Ahora nuevos datos, cada vez más preocupantes se añaden.
La celebración de matrimonios católicos ha pasado del año 2001 al 2005 de 19.000 a 13.000. Es una gran disminución. Mientras que los civiles aumentaban de algo más de 11.000 a 17.666. Es cierto que en esta diferencia influye ya el contingente de inmigrados que tienden a acentuar el numero de matrimonios no católicos, pero esta razón no explica ni mucho menos por si sola los resultados.
La situación entre los jóvenes es tremenda: menos de un 3% son practicantes mientras que la cifra de los que se declaran ateos y agnósticos se eleva al 30%.
Cierto es que con el paso del tiempo hay una ligera y progresiva recuperación, pero como se parte de niveles tan bajos, el resultado final sigue siendo de escaso relieve cuantitativo a pesar de que tenga una extraordinaria calidad religiosa. En Francia esto sucede de manera mucho más acentuada, como lo pone de relieve el gran crecimiento de adultos que se bautizan.
Pero al lado de todos estos signos hay una evidencia de nuevas oportunidades. Lo apuntaba con precisión el profesor Torralba en estas mismas páginas “Cansados de secularismo” . Aparece toda una generación de jóvenes que no ha sido educada en la fe, que desconoce el marco de referencia religioso, cualquier elemento de la vida religiosa, pero que están hartos del materialismo, del consumo de masas, del individualismo y del hedonismo, es decir de la desvinculación y de ese laicismo que sólo conduce a la nada.
Y es que nunca se nos puede olvidar que Dios ha puesto en el corazón de todo hombre y de toda mujer el sentido de la trascendencia y la apertura al misterio, lo que sucede que para que esto se realice es necesario el encuentro con una experiencia que transmita el sentido de la Fe.
Pero ¿cómo transmitir esta experiencia si no se va al encuentro de toda esta gente? Porque todas estas personas están alejadas absolutamente de cualquier espacio religioso, incluso la idea inicial del mismo les genera rechazo, por eso se debe ir a su encuentro.
Pero la Iglesia de Cataluña, con las excepciones que se quieran porque no todas las diócesis son iguales, carece de la voluntad de abandonar sus recintos y tener el valor de salir a la calle a proclamar la Buena Nueva.
http://www.forumlibertas.com