La Santa Sede aprobó ayer los estatutos del Camino Neocatecumenal, destacando que no es un movimiento o una congregación religiosa, sino «un itinerario de iniciación cristiana» para redescubrir el bautismo. Los estatutos subrayan que el Camino se realiza «bajo la dirección del obispo» y «según las líneas propuestas por los iniciadores».
 

Después de cinco años de trabajo, los estatutos del Camino Neocatecumenal (iniciado por Kiko Argüello y Carmen Hernández en 1964 en Vallecas) fueron entregados a sus fundadores en una ceremonia oficial que tuvo lugar ayer en el Vaticano. Al acto, presidido por el cardenal James Francis Stafford, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, asistieron medio centenar de catequistas del Camino procedentes de varias partes del mundo.

En su alocución, el cardenal Stafford señaló que, dentro de la huella de renovación que supuso el Concilio Vaticano II, «el Camino Neocatecumenal se pone al servicio de los obispos diocesanos y de los párrocos como un modo de redescubrir el sacramento del bautismo y de educación permanente en la fe», informa Efe.

Bautismo y catecumenado

Por su parte, Kiko Argüello recordó que la primera vez que fueron recibidos por Juan Pablo II, en 1979, el Pontífice les dijo que veía ante ellos «ateísmo, bautismo y catecumenado», y que no entendieron a lo que se refería, ya que consideraban una equivocación anteponer bautismo a catecumenado, pues en la tradición de la Iglesia éste era previo a aquel. «Hoy, 23 años después, lo entendemos. Tras la experiencia que tuvo con el ateísmo en Polonia, el Papa quiso decir que para responder a la fuerza del ateísmo moderno y a la secularización, los cristianos bautizados necesitan de un catecumenado posbautismal».

Precisamente ésta es la principal novedad de los estatutos de los neocatecumenales, dado que no se ha procedido a la aprobación de un movimiento (como en el caso de los Focolares), una asociación de fieles o una congregación religiosa. «Respetando y confirmando la intención de sus iniciadores», indican desde el Camino, éste se ha aprobado «como un itinerario de iniciación cristiana para el redescubrimiento del bautismo, es decir, un catecumenado posbautismal al servicio de las diócesis y de las parroquias». Se trata, pues, de la primera ocasión en que un organismo de este tipo es aprobado por la Santa Sede.

Los estatutos del Camino Neocatecumenal se componen de 35 artículos. En el primero de ellos se expresa la naturaleza del Camino, describiéndose así los cuatro bienes espirituales que lo constituyen: «el neocatecumenado o catecumenado posbautismal; el catecumenado para no bautizados; la educación permanente de las comunidades que continúan en la parroquia después de terminar el neocatecumenado; y el servicio a la catequesis, como por ejemplo, la vuelta al método primitivo de evangelizar por medio de equipos itinerantes dispuestos a ir a todo el mundo en virtud del mandato de su bautismo».

Del mismo modo, el segundo artículo establece las modalidades de actuación del Camino: se realiza en las diócesis (en la actualidad 883) «bajo la dirección del obispo» y «según las líneas propuestas por los iniciadores». De este modo se recalca la importancia de la inserción del carisma en la realidad diocesana, pero también el respeto a la identidad propia del Camino. «El sujeto que promueve la iniciación cristiana es obviamente el obispo -subrayaron a ABC responsables del Camino Neocatecumenal- a quien, sin embargo, se le ofrece un instrumento aprobado por la Santa Sede y configurado según las indicaciones del estatuto»-. Finalmente, los últimos artículos especifican las modalidades previstas para la sucesión del equipo de los iniciadores del Camino Neocatecumenal.

A su vez, dichos responsables indicaron la valentía de la Santa Sede al reconocer, con la entrega de los estatutos, «la urgente necesidad de que, en un mundo cada vez más alejado de la cristiandad y acosado por la secularización y los fundamentalismos, los bautizados descubran las raíces de su fe y, frente a la general descristianización de la sociedad moderna, se provee de un instrumento para reevangelizar al hombre contemporáneo».

Nueva evangelización

Con el acto de ayer se hizo oficial una intención que ya formulara Juan Pablo II en agosto de 1990 en la carta «Ogniqualvolta», dirigida a monseñor Paul Josef Cordes, entonces vicepresidente del Pontificio Consejo para los Laicos y delegado «ad personam» para el apostolado de las Comunidades Neocatecumenales. En dicha misiva, el Pontífice afirmaba que «reconozco el Camino Neocatecumenal como un itinerario de formación católica, válida para la sociedad y para los tiempos actuales».

«Deseo -indicó el Papa- que los hermanos en el Episcopado valoren y ayuden, junto con sus presbíteros, esta obra para la nueva evangelización, para que la misma se realice según las líneas propuestas por sus iniciadores, en espíritu de servicio al ordinario del lugar y de comunión con él, y en el contexto de la unidad de la Iglesia particular con la Iglesia universal». Del mismo modo, el 24 de enero de 1997, en la audiencia concedida a los iniciadores del neocatecumenado, Su Santidad animó a llevar adelante el trabajo de redacción de un «Estatuto del Camino».

Para Giuseppe Gennarini, «nos importa resaltar que la aprobación de los estatutos es el final de un largo proceso que ha llevado a la Iglesia a ver, cada vez más, la necesidad de reevangelizar a los bautizados, y a reconocer en el Camino Neocatecumenal un instrumento idóneo para este fin». A su juicio, «faltaba hasta hoy un esquema detallado que pudiese ser propuesto para realizar un catecumenado postbautismal». «Esto -señaló- es lo que ha hecho la Santa Sede con esta decisión: aprobar y ofrecer un esquema de itinerario catecumenal posbautismal, compuesto no sólo de etapas litúrgicas, sino con un contenido catequético que en más de treinta años ha dado muchísimos frutos».